martes, 8 de diciembre de 2009

La hija de la lágrima

Cuando me enteré que habías partido me encontraba perdido en medio del mundo, sin querer y sin pensar me sentí solo y entonces justo en ese momento, cuando ya mi corazón no soportaba mas balazos, cayó la noticia con la dureza con que venían pegando las gotas de lluvia en mi cabeza. Recuerdo tener mi mochila con la misma ropa de hacía una semana, unos pocos pesos en el bolsillo y un par de libros que tenía ganas de leer en algún banco de una plaza ni bien saliera el sol. Pero el sol no logró salir y mientras caminaba mirando el piso, aturdido entre mis lágrimas y el millón de rostros que pasaban por segundo a mi lado, ahí lo supe. No necesité otra señal, así supe que te estabas yendo, y supe que el último beso y el último adiós te lo voy a dar en el cielo, pero te lo voy a dar porque te lo debo, y te debo el último te quiero, y te debo eso nada más pero es demasiado. Y así te fuiste, no pude después mas que seguir caminando y dejar que las gotas de lluvia sorprendieran a mis lágrimas, ni que mis ganas de abrazarte fuerte se confundieran con la bronca de que la vida nos da tanto que a la vez nos va quitando, y nunca sabemos como hacer para retener todo lo bueno para que no se esfume tan rápido que luego te haga pensar que no lo disfrutaste al máximo, o peor aún, que la vida    
corre tan rápido que no sabemos frenar. Por suerte tuve momentos en los que supe frenar para tenerte sentada frente a mí para preguntarme sobre mi vida, para recibir tu lemon pie que nunca me cansé de comer y que hasta tenía que guardar abajo de mi cama para cuidarlo. Por suerte mi cabeza te recuerda y mi corazón te llora, porque eso quiere decir que fuiste y sos una de las personas mas hermosas que conocí en mi vida. Lo demás, lo del pasado, es parte de una historia inolvidable, es parte de recuerdos imborrables, historias, historias.

martes, 20 de octubre de 2009

Reseña

Muy fácil sería hablar de mi, cuando en realidad aún no se que me ha dado la vida a mi, y mucho menos puedo saber que le he entregado yo a ella. Por eso prefiero callar, por eso el mundo me parece demasiado fanfarrón y cargado de palabras sin sentido. Por eso camino en este mundo con la suavidad de mis pies desnudos y la mirada artesanal capaz de descubrir al mas perspicaz de los farsantes. Simplemente hablar de mi es hablar de simpleza absurda, niñez de contrabando y ojos de terciopelo. Y pido por favor que no me pidan más que eso, porque se que no puedo ofrecer nada más. Si te sirve y si te gusta, aquí estoy, te ofrezco mi mano. Pero no esperes lujos ni herencias millonarias, eso es parte del mundo fanfarrón.

jueves, 15 de octubre de 2009

Raro

Es que soy como un fantasma, de corazón ausente y por mi alma desecho el polvo que las otras personas van dejando a su paso. Por mi cabeza desfilan nombres sin apellido y caras confusas. Por la calle sólo escucho ruidos, pero nada suena con la sutileza de un bandoneón.

martes, 13 de octubre de 2009

Necrológicas

No tengo la menor idea de como llegó la pobre vieja a estar sentada en el último vagón del subte. Hacían 40 grados en medio de la avenida, y seguro rozaban los 50 debajo del pavimento de Buenos Aires. La pobre estaba sentada medio arrinconada por el tumulto de incordiosos de la hora pico. Sufriendo con su polerón multicolor que le apretaba la garganta y los cristales de sus lentes empañados en sudor propio y ajeno. Estaba justo de lado a una de las puertas, medio recostada, como a punto de terminar en medio del pasillo. A su lado un señor que intentaba abanicarla con un boleto de cartón que a la pobre vieja lo único que le generaba eran ganas de mandarlo a cagar pero ya no tenía más fuerzas. Entonces sufría el acoso innecesario del viejo. Con seguridad que no tenía menos 90 años y estaba sola en medio del gentío a punto de decir adiós.
Alrdededor de ella el innumerable conteo de personajes nefastos que uno puede encontrarse allí a cualquier hora del dia. También es cierto que no todos los personajes que se pueden ver son nefastos, pero a mi me llaman la atención y por eso es que los nombro.
La gordita teñida de colorado con rodete rosado y la abogada entrada en años miraban y chusmeaban. Rogaban que la vieja no muriera porque sino se iba a frenar el servicio y eso les iba a provocar llegar tarde a sus reuniones.
El policia recostado contra la puerta la miraba y dudaba si ayudarla o dejarla morir. Es que hacía demasiado calor como para moverse, si total ya era hora que se dejara de joder la anciana esa.
Los dos pibes que a no menos de 30 centímetros de la vieja, se mataban de risa de lo buena que estaba la minita de minifalda de atras y potenciaban todo eso mascando chicle de manera irritante.
Después de algunos minutos y cuando ya la pobre anciana era el blanco de todas las miradas del vagón, el hombre de azul se quita la gorra e intenta abanicarla, cuando ya el brazo del otro viejo sentía el hormigueo de la sangre estancada que no se quiere ya mover.
Y entonces el cana le da un merecido empujón a los dos pibes que ya estaban acelerando el entierro de la anciana, y sin quererlo le dibuja una sonrisa en el rostro.
Quizás el único personaje agradable que la vieja habrá visto aquella tarde, el de esa chica de barrio con la carpeta bajo el brazo y las manos amorosas que se acercaron a brindarle la brisa que sólo el paraíso a veces nos puede brindar. Mientras su angel la acariciaba y movía incesantemente su carpeta para darle un respiro a su corazón que latía cada vez menos, el resto de la gente se renovaba, subían y bajaban.
No sé si habrá muerto o si habrá sido capaz de salir viva de aquel infierno repleto de personajes desagradables, pero al menos alguién considerado de voz y manos amorosas le dieron un respiro a tanta soledad.

martes, 15 de septiembre de 2009

Sincericidios

Los hombres sabios conmueven por su paciencia. Los ignorantes por la aspereza y agilidad de sus puños.

Necesito tanto de mi soledad que no podrías comprenderlo jamás. No intentes llegar hasta mí, podrías salir malherida.

Cuando mires al cielo y se vea negro, mira al infierno y si se ve negro, mira hacia adelante y si también todo se ve negro, entonces deberías mirar hacia atrás. Y si atrás todo sigue viéndose negro, entonces deberías pensar que has hecho con tu vida para estar hundido en un mar negro.

Todavía quedan las marcas de tus dedos que rasgaron con rencor aquel vidrio empañado mientras me dejabas ir.

El deseo es una agonía incorruptible.

Detrás de las nubes siempre está el sol. Detrás de tu alma hay una canción. A través de tus ojos la soledad. En el fondo de tu pecho la libertad. En las agujas del reloj una daga mortal. En tus pies se vislumbra la calma. Y en tus manos todo un mundo por retratar.


Si pudiéramos convertir este amor en un negocio, en algo parecido a una gran empresa, no necesitaríamos más que vernos para mantenernos con vida.

martes, 8 de septiembre de 2009

Náufrago

Derrotado, casi sin aliento, despilfarrando sueños, y alegre en la cornisa, veré el fiel rostro de un amor perdido. Caminando en ese abismo en el que ya no hay lucidez y donde abundan las sombras, la brisa del mar tormentoso perderá su peligrosidad para entregar paz al alma de aquel que ya no cree que el aire pueda ser puro y fresco aún en medio de la peor de las tormentas.
Allí estará él, sentado en la proa de un barco que lucha para seguir siendo la fuente de toda esperanza. Y luego más tarde y sin apuro, nacerá ella, la fiel amante del marinero que jamás abandona su barco.
El "Esperanza", aquella noche tormentosa e infiel, dura e inhóspita como la piel del desahuciado marinero, halló un banco de arenas blancas cuando el sol decidió que había llegado la hora de relucir su majestuoso ascenso desde la línea infinita del horizonte hasta brillar sobre aquel mástil ajado por la sal y los sueños rotos.
Aquel hombre de mar y de viento, encalló en una  mansa isla con su nave. A su encuentro fue ella, ángel perdido de naufragios pasados.
El mar y el viento, las tormentas y los naufragios, dan como único resultado el amor. Un amor que siempre está por llegar aunque el mar anuncie lo contrario.

sábado, 29 de agosto de 2009

Rey de un triste final


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La tragedia que corría por las venas de Kim era creer que la salvación estaba dentro del palacio en el que pasaba largas horas de su vida, acaso jugando a las escondidas con su propia existencia o quizás también intentando alargar su agonía. Debajo de su piel estaba el deseo bien escondido de un desear morir, morir con urgencia porque le daba pena enfrentar su cuerpo y su alma al espejo.
Crease o no, en el monumental palacio de Kim casi no había espejos pero de todas maneras su inteligencia le jugaba en contra y se veía reflejado a cada paso que lo veía deambular por los solitarios pasillos de aquel paraíso. Desde una brillosa pared blanca hasta los grandes ventanales del frente le daban la desagradable satisfacción de verse reflejado y eso lo hacía llorar desconsoladamente hasta que sus ojos ardían en sequía.
Su única compañía era su fiel sirvienta Ramona. Ella fue testigo único de un sufrir sin control e incomprensible, incomprensible al menos para mí, que veía en Kim esa clase de personas que todo lo tienen y que incluso a veces soñaba con tener todo lo que yo creía que él tenía. Largo tiempo después de conocer a Kim comprendí que no quería tener nada de lo que él tenía pero quería darle todo lo que yo poseía para darle muerte a su sufrimiento.
Kim y yo nos conocimos en una noche de bares y copas casi interminable, en la cual él sacó a relucir toda su gracia y logró esconder con gran aplomo sus miserias más evidentes. Así nos conocimos, yo tuve una primera impresión desacertada y eso fue lo que me llevó a escribir sobre su vida.
Ramona fue quien me contó los detalles más horribles de un joven que aparentaba una gran felicidad lejos de su cárcel dorada y dentro de ella lloraba sin consuelo por temor a ver su imagen del cuerpo desfigurada. Su pasión por la vida sufría las grietas de los desamores incontables a tan temprana edad.
Ramona llegaba muy temprano en las mañanas para encargarse de todos sus quehaceres diarios pero jamás vio a Kim en persona, puesto que mientras ella estuviera en el palacio, él estaba encerrado en su habitación. Cerca del mediodía ella se iba y entonces el joven intentaba despegarse de la cama para comenzar el día de la misma manera que lo ha hecho desde que nació. Pegaba un salto de la cama apenas Ramona se iba, se maldecía por ser tan feo frente al ventanal de su cuarto para así llorar hasta que le ardieran los ojos. Más tarde en el día intentaría convencerse de que podía parecerse a un dios griego y así poder sobrellevar con su cruz el resto del día. Y si hablo de cruz, su cruz eran las largas horas del día y de la noche. En aquella noche que lo encontré sentado bebiendo como un marinero que acaba de desembarcar, me sorprendió su gracia y decidí sentarme bien cerca para así poder llamar su atención y quizás tener la suerte de hablar con alguien que había logrado que mi oído tomara el rumbo de sus palabras. Entonces pedí al camarero que me sirviera un jarrón de cerveza bien fresca y me senté a un asiento de distancia de Kim, justo de lado a una ventana sin cortinas. Ni bien tuve el jarro en mis manos él ofreció brindar por la belleza del ser humano y por la triste felicidad (así fue tal cual él lo dijo). Las cosas que hablamos aquella noche no recuerdo que hayan tenido sentido alguno, pero si noté que jamás había logrado que Kim me mirara a los ojos mientras hablábamos y reíamos disparatadamente, su vista pasaba de mirar firmemente la madera de la barra del bar hasta llegar a posar sus ojos en la ventana, logrando así ver su sonrisa reflejada con las luces del lugar. Por momentos tuve la sensación que no reía de nada de lo que decíamos, sino que se burlaba y largaba carcajadas cuando se veía a sí mismo en aquella ventana.
Llegada la hora en que los camareros empiezan a mirarte con ganas de decirte cuanto te odian por hacer que su turno de trabajo se haga sofocante, y mientras barrían el piso golpeando adrede cuanta silla se les cruzara en el camino, noté que era hora de despedirme de aquel extraño amigo y prometernos beber algunas copas más para poder entender un poco sobre nuestras vidas. Saludé a Kim mientras guardaba algo de mi último trago para que el camino de regreso a casa no fuera tan tedioso y solitario. El joven Kim me saluda sin comprender demasiado y yo me dirijo hacia la puerta de salida, pero volteo la vista justo antes de salir y veo que una joven se le acerca con la seguridad que había hallado la presa justa para pasar una noche de lujuria.
Una semana más tarde regreso al mismo bar y allí estaba él. Sentado exactamente en el mismo banco y con la misma bebida en sus manos, mirando la madera de la barra y luego la ventana, con la seguridad de que algún alma bondadosa se sentaría a soportar sus bromas y su discurso incoherente. Hacia allí me dirigía yo, con toda la curiosidad de querer saber más sobre este extrañísimo personaje que había logrado destrabar mi amor por la soledad.
Le di un abrazo, pero creí que él no me recordaría asique le recordé mi nombre. Resulta que no sólo se acordaba de mi nombre sino que recordaba cada cosa que hablamos. Sin pausa, me relató sobre lo que le había ocurrido después que yo me había retirado del bar aquella noche que nos conocimos. Me habló sobre un nuevo amor en su vida, uno más entre más de cien por lo menos. Pero Kim siempre se sentía enamorado, creo que noté su miedo a la soledad. Prefería decirse enamorado con locura a sentirse despreciado y solitario dentro del palacio en el que vivía.
El encuentro con él se hizo rutina, semana tras semana a la misma hora y en el mismo lugar sabía que nos veríamos sentados en aquella esquina de la barra del bar. Lo que pasaba en aquellas noches era insignificante en todo sentido para quien hubiera tenido la desgracia de vernos interactuar, pero para nosotros era como un escape a algo nuevo. Y me refiero con seguridad que para Kim yo me había convertido en su fiel confidente y él para mí era una sombra oscura que no lograba encontrar la imagen real que la proyectaba. Había generado en mi curiosidad una asombrosa paciencia.
Una de las últimas noches que nos vimos (la anteúltima para ser más preciso), me hizo unas preguntas que me revelaron su cruel verdad. Tomó su copa de vino, la acercó a su boca y me dijo con la voz quebradiza:
Kim- ¿Vos alguna vez creíste en mí realmente? ¿O solo te divierte escuchar las barbaridades y mentiras que un borracho solitario como yo te pueda brindar? Ante semejante pregunta quise ser lo más sincero que pude y le clave la verdad en en medio de la sien.
Le dije: -Mira Kim, lo que me acercó a ti aquella noche en que nos conocimos fue tu gracia y tu soledad, nada más y nada menos que eso. Pero no fui capaz de ver nada más que eso dentro de ti. Lo único que quizás ahora pueda comprender de ti es la razón por la que nunca me miraste a los ojos mientras conversábamos, no fuiste capaz de hacerlo hasta este instante. Si no miras a los ojos no podrás lograr que nadie crea en ti.
Kim- Sabes que ocurre, yo no puedo tener espejos en mi casa, no puedo verme reflejado en ningún lado porque caigo en un terrible infierno de inseguridades del que sólo podré salir embriagándome hasta adormecer mi odio a mí mismo. Y resulta que cuando te vi entrando al bar por primera vez, creí verme a mí mismo y no lo soporté. Igualmente me diste la fuerza suficiente como para creer que podía emerger de la oscuridad de mi palacio y enfrentarme al mundo tal cual creo que tú has logrado hacerlo¡Pero no puedo, simplemente no puedo!
Kim en aquella noche no estaba ebrio, y abrió un mar de lágrimas en medio de todas sus amantes que deambulaban cerca de él en aquel momento. Yo quise consolarlo con un par de burdas frases de convento pero no tuve éxito, e inesperadamente me pidió que lo dejara solo y que nos volviéramos a ver la semana próxima.
Por último, dijo: Kim- No te aflijas querido amigo, ahora puedes ver quien es en verdad este patético personaje del mundo oscuro de la alta sociedad, no hay nada que puedas hacer ya por mí. Pero debo agradecerte tu sinceridad y las horas de alegría que has regalado a este corazón azotado por el tiempo y la desolación. Quisiera confesarte algo. Tú sabes que yo aun no he visto a pesar de los más de veinte años que trabaja en mi palacio a mi sirvienta Ramona, bueno pues, hoy la he visto. Quizás sea esa la razón por la que me has visto así. Pero no comprendo la razón por la cual ella ha dejado debajo de mi cama un gran espejo con bordes y ribetes dorados.
No importa eso ya, déjalo así. Te pido que vuelvas la semana que viene, todo será como antes pero hoy necesito de mi soledad rutinaria. Pese a todo esto, intenté quedarme pero no hubo caso. Me pidió muy amablemente que me fuera y no quise ser descortés por lo cual tomé mi abrigo y salí del bar muy de prisa.
En el trayecto de regreso a mi hogar me fui pensando muy profundamente en cómo podría ser el paso del tiempo y de las horas para un ser tan frágil como Kim. Tengo la plena seguridad que sus horas se quemaban al ritmo que puede quemarse en la hoguera un leño verde y húmedo. En cierto sentido sus horas dolían demasiado y era difícil entender como lograba sobrevivir ante semejante adversidad. Quizás entonces deba admitir que a pesar de creerlo frágil en algún lugar de su corazón guardaba una fortaleza inmensa para soportar soledades y desamores, algo que una persona como yo jamás lograría soportar. Luego me puse a pensar en el regalo que le había hecho Ramona, no lograba captar la razón de regalar un espejo. Supongo que esa respuesta debería hacérsela a ella o a Kim. Mi cabeza comenzaba a sentirse pesada y decidí dejar de pensar tanto. Así tan sólo me dejé llevar por mis pasos para llegar a desplomarme en mi cama y dormir. No quise ni pensar en cómo estaría Kim, asique dejé que la semana siguiera su cauce y esperé verlo en la noche del viernes.
Al abrir la puerta del bar, y con la ansiedad de ver como estaba él, sentí la inmensa decepción de no verlo sentado junto a la ventana, pero supuse que quizás había preferido sentarse en otro lugar asique le pregunte al camarero si lo había visto, y él me dio la terrible noticia de que Kim, según los chismes del pueblo había desaparecido sin dejar rastro. Me atreví a preguntarle si sabía al menos dónde vivía él y si me podía informar cómo ubicar a Ramona para que ella me contara qué era lo que había sucedido con Kim en realidad. El camarero me indicó que fuera por la mañana apenas asome el sol y que Ramona podría estar en el palacio. Despues de eso, abandoné el lugar y me volví a mi casa muy triste, pero con la sensación de que nada malo había pasado con mi querido amigo.
Al amanecer camine las calles de empedrado, subiendo la gran cuesta que me llevaría hacia el palacio. Con mi último aliento golpeo con fuerza el gran portal del palacio. Rápidamente Ramona abre y me llama por mi nombre, algo que me resultó sospechoso o al menos intrigante.
Me invitó a sentarme en el salón principal en un lujoso sillón justo frente a un cuadro de bordes y ribetes dorados. Y sin que yo le hiciera pregunta alguna comenzó a hablar sin parar.
Ramona: -¡Mira, mira lo que le ha sucedido a mi querido amo!, ¡se ha mirado por primera vez en su vida al espejo y ha quedado preso dentro de él! Yo quería que se sanara, por esa razón es que se lo regalé, creí que si lograba ver quien era él en realidad su corazón sanaría para siempre. Pero paso todo lo que él temió durante su corta y triste vida. Al pararse frente al espejo, lo vi sorprendida como sonreía, lo vi tocarse su rostro, lo sentí amándose a sí mismo. Luego Kim extendió su mano tratando de tocar el centro del espejo, creo que quiso sentir que era él lo que reflejaba el vidrio y no otra persona. Pero apenas tocó el vidrio, su mano se hundió como si hubiera tocado una fuente de agua cristalina. Yo sentí pánico y traté de decirle que quitara la mano pero no me quiso hacer caso y metió el brazo más y más adentro, y cuando abrí los ojos en un segundo mi amo estaba allí dentro formando parte de un bello cuadro, sonriendo y dejando caer su última lágrima.
La pobre sirvienta no cesaba en su llanto al punto que ya molestaba.Yo no logro comprender todavía por qué razón estoy aquí dentro, sin poder moverme, ni tampoco por que el sillón en el que me creí sentado está vacío y solamente puedo reír o llorar o ambas. Pero sólo eso.
Todavía me pregunto que hay en la vida que nos hace seres tan especiales y distintos del resto. Todavía me pregunto qué quiso decir Kim cuando brindó conmigo por la belleza del ser humano y la triste felicidad. Todavía me queda comprender que rápido puede la vida misma acabarse y enviarnos un destino inesperado. Pero acabo de comprender a donde nos llevan cuando morimos.

sábado, 25 de julio de 2009

La Sin Razón

Te encontraste un día en las puertas del infierno pateando tus propios restos con gran desprecio y hasta podría decir con un poco de sarcasmo, que lo hacías con un gran goce interno. ¿Resignada? ¡No! De ninguna manera, desorientada podría ser la palabra, pero tampoco estoy tan seguro que sea la palabra justa. Habría entonces que pensar cuál sería la palabra exacta para describir lo que veía allá adentro, todo se incendiaba y yo que no creía en nada, dejaba que todo ardiera y en algún sentido creo que soplaba con mucha fuerza para que el fuego no dejara de arder jamás, quería un fuego eterno. Si en este momento quisiera empezar a acomodar un poco las palabras para entregar un poco de alivio al mundo y poder explicar así que aún estás aquí sería extremadamente difícil. En primer lugar las palabras no tienen dueño, cada cual las ordena como se le ocurre y las usa en la forma que más le plazca. Nadie podrá decirme que esa manera de ordenar palabras ya tiene un fundador.

Mientras ardían las llamas en derredor tuyo, te sumiste en las más tristes de las soledades y quisiste encontrarle una razón al mal que padecía tu propio ser, y creíste además no merecer ni un poco de lo que te sucedía. Razones se podrán buscar hasta debajo de tu cama, incluso la señora que sabe analizar tu conciencia y tu inconsciencia podrá meterse dentro tuyo para ver qué es lo que había fallado para que te vieras desnuda y desolada en medio del fuego que vos misma habías creado. De mas estaría mencionar que palabras hay en exceso y posiciones para encontrarle a esas mismas palabras las hay al por mayor. Pero sólo te importaban las razones, no te importaban ni las palabras ni su orden, ni tu propio narcisismo, y mucho menos las vidas que de vos dependen a cada paso que das. Simplemente ego centrada, como un niño que construye y destruye por el puro placer funcional que le entrega el saber que ese es su juego y de nadie más. Supiste entregar las más grandes esperanzas al mundo, supiste ser amada y odiada con rabia (si, dije bien: amada con rabia, y odiada con rabia). A todo esto tu noción del tiempo se desfiguraba a pasos agigantados, se quemaban las paredes mientras asomabas tu cabeza por la puerta para asegurarte que el nicho estaba servido para ti. Tu boca se comenzaba a empapar de ganas de que todo se caiga a pedazos de una buena vez, con tal impaciencia que ni siquiera podías gozar viendo el caos. No soportabas el calor, y menos soportabas que bajara gente a buscarte, despertarte y llevarte de nuevo al mundo real. Todo aquel amor que te entregaban y que vos creíste rabioso, pareciera que no era tal, y así se colgaban los recuerdos a tus hombros como monos hambrientos tapando tu visión del desastre que ya parecía inevitable. Empezaste a girar aturdida, ya te sentías dentro, muy dentro del caos. Tu propio caos. Me gustaría describir un poco como era el lugar del caos en donde ella vivía. El más nítido recuerdo que queda en mi memoria, es de un cuarto amplio, muy luminoso, con un pequeño balcón que tenía un barandal verde. Los pisos de madera que ayudaban a mantener la intensidad de las llamas y algunos cuadros de poco valor colgando en las paredes blancas con aroma a encierro infinito. Entonces sí, mientras girabas en torno al cuarto ya con desesperación porque no había nadie que te indicara una salida confiable, me miraste a mí directo a los ojos, como preguntándome si yo sabía dónde estaba la salida de emergencia. Yo que estaba sentado a la mesa, apoyando mi cabeza contra la pared, te miraba (sólo eso), pero permanecí inmutable. No se si no tuve respuestas o si solamente no quise dártelas, pero sé que te dejé sola. Entonces me reí un poco y fue ahí que entendiste lo que ninguno de los dos supo hasta ese momento. Giraste tu cabeza hacia el fondo del cuarto, clavaste la mirada en la esquina del barandal, y allí estaba ella, ella es la muerte, ella estaba sentada sobre el borde de la baranda, con sus piernas colgando en el vacío, su espalda apoyada en una pequeña pared y fumando el último tramo de un cigarrillo. Daban ganas de sentarse a su lado al ver la calma con que la muerte la llamaba, tenía demasiada simpatía para tratarse de alguien a quien todos le temen. Tenía una sonrisa inmensa, esa misma sonrisa la convenció y entonces dejó de girar. La muerte extendió su mano, invitándola a sentarse a su lado, luego le hizo un guiño y le enseñó lo poco que quedaba ya del cigarrillo como queriendo que lo terminaran juntos y luego sí pudieran ir en busca del vacío que había debajo de sus piernas. La muerte parece tener siempre la seguridad que vencerá, a mi me dio también esa sensación, pero yo aún permanecía sentado, eso sí, ya no podía sonreír. Ahora la veía dar los primeros pasos hacia el balcón, así fue que cuando veo que me mira de reojos, despidiéndose con su mirada llena de ternura y de nostalgia, todo el cuarto se llenó de miedo. El miedo de ella y el mío. Después de su mirada, abandoné esa vieja posición de tranquilidad que mostraba, despegué mi espalda de la pared, pero se estaba haciendo tarde. Te vi caminando hacia el balcón, a unos cuantos metros de mí. Tu mirada al saber que ibas encontrarte con la muerte (muy amable por cierto), comenzó a ver en el paisaje de fondo, mil imágenes todas juntas, como superponiéndose unas a otras, imágenes, recuerdos, no sé bien que era lo que ella veía. La comedia y la tragedia de su vida quizás, todos sus amores, todas sus guerras, todo lo dulce y lo amargo que le había entregado el sabor de su experiencia de vida. No lo tengo muy claro, sólo sé que eso la detuvo justo cuando estaba por tomarle la mano a ella y pasar sus piernas al otro lado mundo. Tomé su mano, luego el codo, y pegué un fuerte tirón de su brazo, llegué hasta su hombro y cuando la tuve bien cerca la abracé con locura desmedida. Esa locura de la que solamente saben aquellos que estuvieron meses en el infierno, y que cuando logran un atisbo de lucidez, levantan su cabeza y por sobre su cabeza ven la puerta abrirse y no dejan pasar la oportunidad de salir. Yo sé muy bien que no la salvé de la muerte, ni siquiera sé si hice bien o mal en tomar su mano, pero como dije antes no vale la pena buscarle una razón a las cosas que pasan, así como tampoco vale la pena pelearme con alguien por el orden o la propiedad de las palabras. La belleza de aquel momento fue el modo en que supiste que tomar mi mano era lo que vos querías, y realmente es así todo en la vida, tenés que mirar a los ojos de el otro, si la profundidad de las miradas coinciden, entonces toma su mano porque lo que querés es lo que importa. A mi no me importan más la razones, y amo con rabia y amo con inteligencia los corazones de los que saben de los órdenes de la vida y no se escudan en razones.

No quiero dejar de contarles que ella está bien, que está mucho mejor, y sobre todo que está creciendo en belleza y en sabiduría, pero más aún, ella está conmigo de nuevo y no se quiere ir de mi lado por nada del mundo.

Por último, no me voy a pelear con todo aquel que se anime a decirme que el orden y la propiedad de las palabras que voy a dejar grabadas a continuación en este relato tienen dueño, sépanlo, yo les doy el orden que quiero, ustedes también pueden hacerlo, siéntanse los dueños de su destino, de sus palabras, y olviden las razones.

Queriendo entrar en razón y el corazón tiene razones que la propia razón nunca entenderá.

Eso si a todo esto que paso, que viví y que sufrí, pero ante todo y más que nada a ella, ¡le debo una canción!

jueves, 16 de julio de 2009

Come as you are

Si la vida se sienta frente a ti cómodamente, y cruza sus piernas esperando que te acerques a seducirla de repente y sin saber si esas piernas son de tu agrado, mejor piénsalo dos veces. Deja que su belleza se acerque a ti, que mueva sus preciosas piernas, que las cruce y las vuelva descruzar, como mostrando impaciencia por ser atacada. Si eso te está quitando el aliento, si te acelera el corazón, si te desespera perderla, sólo cierra los ojos un segundo y no te dejes seducir tan rápidamente. Piensa que cuanto más dure el juego previo, quizás más duradero sea tu amor hacia ella. Cuando hayas notado que la vida comienza a perder la pelea de saber quién atacará primero, ahí si puedes posar tus ojos en sus piernas, pero que sea sutilmente, que sea tu mirada más tierna y a la vez incierta lo que la desconcierte por completo. Ya a esta altura ella debe pensar que no te interesa, sus ojos deben estar ya apuntando al suelo. Ahora si podrás darle un poco de tu fuego. Pero sólo un poco. Cruzarán las miradas, buscarán un poco de complicidad, que ella ya sentía ausente, y entonces tus manos irán directo a su rodilla, como forma de asentir atracción mutua. Pero no hagas lo que cualquier hombre torpe haría, no busques meter la mano grosera e inquieta en su entrepierna, toca suavemente con la yema de tus dedos primero su rodilla, y luego siente su piel suave. Cuando tengas la seguridad que su belleza se confunde con su impaciencia, retira tu mano y regálale una sonrisa compradora, mostrando en tu mejilla que tu sonrisa es verdadera. Si ella aún siente las ganas de dar todo por ti, entonces toma su mano, ayúdala a ponerse de pie e invítala a salir. No hay forma que te vaya a decir que no.

martes, 7 de julio de 2009

Let the river flow

When you meet somebody you really like.

Just let the river flow.

Let the water run down,

Nice and smoothly.

When you think it´s all over for you,

When you believe life is unfair,

And is not giving you what you´ve expected,

Let the river flow,

And enjoy the sightseeing.

When you are so sure you are wasting your time,

Your eyes will show how amazing life is,

Because it´s so beautiful to be sited right in front of you,

Waiting and expecting something that might never come,

But if it comes while the river flows,

Means that magic has just happened.

Nature can destroy the calm of my own river,

That is something many people has done to me,

But deep in my heart, I always wanted it.

And now that you came to me,

I´m sure the river is peacefully flowing.

I´m now waiting for you to sit next to me,

To enjoy this majestic scenery,

The majestic of the river flowing,

Nice and smoothly.