miércoles, 3 de febrero de 2016

Everyday

“¡¿Y cómo olvidar? ¿Y qué pensar cuando se aleja ese vagón?!”

Siete a.m. Boca pastosa, mal aliento. Desconcierto. Madrugón. Luz tenue y sol saliente. Desorden, camas medio vacías. Pierna izquierda al piso. Movimiento espasmódico, intento de salto, fallido. Tropiezos, dedo meñique choca contra borde de puerta. Dolor y llanto. Pero hay que seguir. Agua helada en la cara, rostro desangelado. Ponerse las ropas, atarse los cordones de los zapatos. Corbata y nudo. Café tibio, pan de ayer sin nada que lo acompañe. Salir apurado, mochila pesada. Velocidad. Tren, bondi y finalmente llegar. Gente, gente y más gente. Ruidos, sordos ruidos. Esquivar, chocar, pero seguir sin mirar atrás. Subir las escaleras, saludo. Buen día señor, buen día señorita. Pequeñas oficinas, un pequeño lugar, sentarse. Escritorio y desorden. Muchas horas sentado. Otra taza de café. El teléfono ya empieza a sonar. No para. No atiendo. Escribo. Resuelvo, atiendo. Portaretratos de hermosas cosas del pasado. Pasado que ya no pasa, pasado que ya me pesa. Cuadros y notas al pie. Pilas de hojas con cosas para hacer. Hacer hoy, y mañana, y pasado. Buen día jefe. Si jefe. Cómo no jefe. Enseguida señor. No hay tiempo. No existe el yo. Trabajo. Almuerzo rodeado de personas, charlas sin sentido. Comida vacía. Apuros. Tengo mucho que hacer. Otra taza de café. Vuelvo a mi silla. Más papeles que me esperan. El teléfono que no para. Si señor, bueno señor. Necesito descanso, camino por los pasillos. Voy y vuelvo. A la deriva por unos instantes. Encuentro el rumbo y la razón. Vuelvo en sí. Computadoras, notas, planillas, pedidos, ruidos, discusiones. Y finalmente seis de la tarde. Sol anaranjado cayendo a los lejos. Gentío. No lo soporto. Camino inverso. Muerto del sueño. Bondi y tren. Camino. De vuelta a casa. Me saco mis ropas. Sofá y tv. Caigo. Necesito paz. Estoy lejos nuevamente. Perdido. Ducha caliente. Cena fría. Soledad. Cama vacía. Luna llena, blanca y redonda saliendo a lo lejos. Dormir. Abrazar la almohada. Volver a empezar. Todo otra vez. Todo igual que ayer. Y que anteayer. Infinitamente igual. Acostumbrarse a sufrir. A ser siempre el mismo. A hacer siempre lo mismo. Tedioso dolor. Innecesario. Salir siempre a morir cada día un poco más. Si jefe bueno jefe. No hace falta. Me duele. Que hacer, que hacemos. ¿Vivimos?¿Morimos?¿Resistimos? El tren se fue, ella se fue. Todos se fueron. Y vos que estas ahí, esperando. Esperando un milagro. Y vos que solo estás, solo vas. Solo. Todos los días solo.

Siete a.m otra vez. Reloj que chilla. Vueltas en la cama. Almohada que aplasta cabeza. Otra vuelta más. Salto de la cama. Boca inmunda. No puedo ni tragar. Pierna izquierda toca el piso. Luego la derecha. Pasos inestables. Baño. Chorros de orina por todos lados. No la emboco. No entiendo nada de la vida. Agua fresca en la cara. Pasta de dientes y cepillo de acá para allá. Boca fresca. Revivir. Vestirse. Zapatos, medias, traje. Corbata y nudo. Café calentito y tostadas con dulce. Sol saliendo lentamente. Cielo límpido. Salir y caminar. Bondi y tren. Esquivar, esquivar, no hay choques, no miro atrás. Desorden y ruidos. Odiar densamente los ruidos. Amando el mar. Extrañando la montaña. Los paraísos vacíos. Vuelvo en sí. Alguien tocando una guitarra, aislado del mundo. Gorra en el piso, esperando el mango. Mango no llega, la gente no presta atención. A la gente no importarle nada. Sueños vencidos, no se renuevan. Cayendo en picada, y caemos. Llegar al trabajo. Mas de veinte años haciendo la misma mierda, todos los días. Pero no me puedo salir. Mierda. Misma mierda. Seguridad me frena en la puerta. Buen día señor. Si señor. Telegrama personal. Telegrama de despido. Pero mi jefe. Y mi jefe. Nadie me avisó. ¿Y las razones? ¿Razones? Yo señor sólo cumplo órdenes. Órdenes. Malditas órdenes. Malditos señores que sólo cumplen órdenes. Malditas órdenes. Perdone señor, usted no puede ingresar. Mis cosas, quiero retirarlas. Perdone, disculpe. Aquí tiene. Caja con cosas. Portaretratos de aquellos hermosos tiempos. Pasados tiempos. Libros. Lapices. Calculadora. Lámpara. Carpeta. Foto con mi ex mujer. No pesa nada. Pero son veinte años allí dentro. Y me entregan una caja y ni una disculpa. Ni una razón. Decepción. Media vuelta y regreso a casa. Temprano. Raro. Regresar temprano. Veinte años. Una caja. Ni una sola razón. Ni una excusa. Perdón y chau. Tomá tu caja y tu telegrama. Tomá tu vida y rajá de acá. Matones, malditos matones. Señores que sólo cumplen órdenes. Soretes. Tren y bondi. Vuelvo sordo. Vuelvo muerto. Arrepentido. Arrugado. Desarroparse. Chau nudo. Chau pantalón. Adiós zapatos negros a medio lustrar. Caigo en mi cama. Boca fresca. Cabeza que gira, el cieloraso se mueve, me recuerda aquellas borracheras de juventud. No puedo pensar. Desmayo. Años desalojados en segundos. Toda una vida de esfuerzo, nada a cambio. Telegrama de mierda. Sueño. Pesado sueño. Muero.

Siete a.m nuevamente. Chillando el despertador, revivo. Boca asquerosa. Sin aliento. Desnudo. Pienso. No tengo obligaciones. Duermo nuevamente. Ya veré que hago. No pienso. No quiero pensar. Vuelvo a caer.


Once a.m. Pie izquierdo llega al piso primero. Luego el derecho. Camino mareado. Agua fresca en el rostro. Pasta, cepillo y dientes limpios. Desayuno. Pienso. ¿Y ahora qué hago con mi vida? Empezar de nuevo. Demasiado tarde. Decepciones. Se pasa la vida. Pasó el tren. Ella se fue. Mi trabajo se fue, yo que tanto me había aferrado a eso, un día me patearon el culo y quedé en medio de la vida. Arrodillado. No tengo nada. No más nada. Muero. Ya no respiro. Vacío. Todo está vacío. ¿Y ahora quién va a velar este corazón?