De verdad que no, insisto, de verdad que no quiero encontrarte. Resisto por todos los medios, apuro mis días, revuelvo el pasado, y desentierro verdades absolutas. Pero aun así no quiero encontrarte. Cierto es, que tampoco te busco. Simplemente no quiero llevarte al abismo.
Las personas mueren por encontrarte, se desviven por dejar el pasado en tus espaldas. Ellos creen que sin vos, la vida no es posible. Yo admito que en forma pasajera, como si te quisiese de amante encubierto, intento atraparte. De tanto en tanto e irremediablemente me acero a ti. Y es que soy muy débil, y necesito el recuerdo para aprender del pasado, y estar, de alguna manera, siempre un escalón más arriba.
Yo sé que cuando ella vuelva, si logra deshacerse de tu vil compañía, caeremos los tres en la trampa. Vos, en tu forma más pura e insaciable, de lastimar todo aquello que huele a pureza y eternidad. Nosotros (ella y yo), obviaremos el pasado, y recurriremos a nuestras necesidades. Será simplemente de esta manera cómo sobre el anochecer de los deseos, caerá el amanecer de los infiernos.
Creer en vos, confiar en vos, resignfica todo lo vivido hasta el momento. Desvanece las creencias, los afectos, y hasta pienso que administra con suma frialdad los vientos y las lluvias. Enaltece las tormentas, subestimando los mares y océanos. Y envuelve, como si fuéramos parte de un ramillete de flores rojizas, todos nuestros olvidos.
Ahora que reina la calma, ahora que el viento no sopla en realidad, sino que balbucea las millones de tragedias paralelas que ocurren mientras nos peleamos por ver quién deja a quién, mientras nos gastamos en ver quién engaña a quién, aparece el alma de toda fiesta. Apareces tú, dueño de todo lo que nos pasa, a hacernos creer a nosotros dos, que ahora sí somos dueños de nuestro destino. Ahora entendemos que por sólo un momento hemos conseguido los dos (ella y yo) tenerte en el filo de la conciencia.
Ni tan lejos ni tan cerca, el amanecer es parte del día a día, esté quién esté presente o ausente. Al mundo no le importa demasiado si estamos los dos, amándonos hasta la eternidad. A este mundo, sólo le interesa que llegue la noche, que prevalezca la oscuridad, porque allí es donde habita el olvido. Y allí es donde los tres seremos felices. Lejos el uno del otro, olvidando nuestras vidas, pero pretendiendo estar lo suficientemente cerca, para probar que en realidad, tu existencia, preciado olvido, será siempre una opción fugaz en el amanecer de mi conciencia.
No existe el olvido, y ni siquiera es una opción. Cuantas más veces caiga el sol ante nuestros ojos, más cerca estaremos amor, de volvernos al camino que un día nos cruzó.