Que debería pasar para que el círculo del placer se
complete, y no quede dando vueltas dentro de un infinito plan de desasjustes.
Nada parece ser más claro, el placer debe ser completo. No sirve de nada para
nuestra autoestima dejarlo a medio hacer. No me interesa un carajo, si el
placer mismo llega al 99% de su pureza. El placer por placer es siempre al cien
por cien o simplemente es un callejón sin salida. Pensemos juntos lo siguiente:
un café desacafeinado, un vaso de vino fino tinto servido en una taza de té. Me
voy aun más lejos y afirmo: un asado sin chorizo y morcilla, con un asqueroso
trozo de pechuga de pollo en la parrilla. Un flan descremado con dulce de leche
light, un vaso de cerveza helada sin alcohol. ¿Y entonces para qué? Para que
mierda queremos todo eso si en realidad no lo disfrutaremos. Podríamos pensar
en tener 57 autos de colección encerrados en un garage, limpiar cada uno de
ellos todos los días, lustrarlos hasta el hartazgo, abrir la puerta para
mostrarlos al mundo, y volver a cerrarla. Otra vez me pregunto ¿para que
carajo? Estúpido como ese cardo que pasa rodando en medio del viento y la
tierra del pueblo que duerme. Tener mucho pero mucho pero mucho dinero, y muy
pero muy bien guardado en una cuenta de un banco suizo, y un día de repente:
¡Noc, Noc! La parca toca tu puerta. Vos te vas y tu platita la disfrutará otro.
¡Y nunca has ido a un recital de rock! Estar en medio de una inmensa multitud,
sentir que realmente sos nadie, y absolutamente nadie, pero estás vivo. La
música sale desde el escenario, se sube a tus pies y trepa eléctricamente por
tus venas y te hace vibrar. Te desarma, te da el lujo de verte a vos mismo
desnudo, de hacerte sentir igual de humano y miserable que el resto de miles de
almas que te presionan. Te sentís absolutamente vivo. La vida y la religión
reinando en tu vida, te deja incompleto. La religión no es sana, ninguna,
cualquiera que sea ésta. Nada de eso existe en realidad, la pureza está en otro
lado. ¡¿Por qué no puedo yo ir a rezarle a mi dios a una plaza?! ¿¡Velar a la
persona que más amo en la vida frente a una playa y soltar sus cenizas al
viento! ¿¡Y así como así decirle adiós y nada más!?
Ya no se si existirá, pero no podría existir el barrio sin
el almacén ni la peluquería. Ni un club sin socios que toman un cafecito en el
bar. Minimalismos podrían ser: un sandwich de milanesa sin mayonesa y con pan
de salvado ¡Si eso último está totalmente incompleto! ¿Quién pudiera? Pero me
deprime de sobremanera, prefiero no pedirlo y seguir de largo. Más desubicado
que un McDonalds en Cuba, ¡pero claro! Si todo llega en la vida, ¿no Don
Ñembro? ¿Y la política sin corrupción? No, imposible ya no sería política en si
mismo sino más bien una charla de café entre amateurs del arte de hacer el mal.
¿Cómo se hace en el primer mundo con los chorros y las muertes de personas
inocentes? ¡¿Realmente pensamos que eso sólo pasa en este maldito país?! Ahhh,
claro. Siendo claros, y no ciegos, si miles de niños llegan al mundo por día,
lo lógico es que otros tantos se vayan, y no hablamos ya sólo de niños. Muertes
por hambre, por guerras, por drogas, por enfermedades crónicas e irreversibles,
por amor, por desgano, por intentar cruzar la frontera. Fronteras que no
debieran existir porque son tan o más malignas que las religiones. Todo lo que
separa, lo que divide o clasifica debiera desaparecer. El mal, es el mal y sino
fuera así sería también totalmente incompleto. Placer de unos y locuras para
otros, pero no se hace el mal a medias. Así podrá aparecer la felicidad como
reina única de la fiesta de pocos, pero miremos un poco más, y ella debería
estar lista para todos. Ya no para unos pocos. Y es que todo, absolutamente
todo lo que pasa alrededor es parte de algo que nos toca. La felicidad aparece
como el suero para el enfermo, gota a gota te alimenta y te mantiene vivo ¡Pero
sólo es una gota! Si, claro pero te mantiene vivo. Y no es poca cosa.
Quiero volver al inicio de todo el asunto. Esa gota que te
mantiene vivo, es ese café de la mañana con dos hermosas medialunas y mucha
cafeína. Un hermosa copa de vino fino tinto. Una cerveza helada con alcohol y
algún amigo de ocasión. Un pedazo de cielo en medio del campo abierto. Una
banco, una plaza, un rayo de sol y un libro ¡Un asado completo sin pollo por
favor! Un flan cargado de crema y con dulce de leche, hasta explotar. Un sillón
con lugar para dos. El cine un martes al mediodía y la sala completamente
vacía, sólo para mí. Saludar a mi barrio cada tanto. La familia, los amigos y
todos nuestros amores, sin discriminarlos, un día para cada una de ellas. La
felicidad como cosa simple, el mal como cosa juzgada y elemental del mundo. Y todo
lo demás también.