Hoy me siento viejo, absorbido, revolcado. Hoy veo en mis espaldas mucho menos de lo que creí haber construido. Pero en realidad es sólo un naufragio del momento, una sequía de vejez sin edades absolutas. Es como aquel lugar del tiempo en que todo se fuerza para levantarte en brazos y hacerte sentir que el mundo es todo y para siempre un lugar de extrema belleza, donde la lágrima es algo pasajero. Ahora, viejo, añorando tiempos remotos, con la piel curtida, reseca, con las ganas desgastadas, tomo asiento en una sucia plaza del barrio. Dibujo círculos con mis pies, cuento las hojas verdes y las separo de aquellas que se ven desteñidas. Con una mano en el bolsillo, y la otra sobre mis anteojos que ayudan a conservar mis sentidos aun despiertos, observo. Todavía no se bien en realidad qué. Encierro en un momento, en esa plaza, sobre aquel banco, momentos asociados a personas, y en cierta manera guardo sólo aquellas cosas con las que fui feliz. Son muy pocas, demasiado pocas en realidad. Pero su fortaleza, y su persistencia me conmueven. El repaso en mi memoria ya las reseca como a esas hojas desteñidas. Ahora, acá, lo intento. Las refresco, las enaltezco y las lloro casi sin parar. Ahora vuelvo a un estado más natural sobre estos días, algo que me permite sentarme aquí, y repasar mi pasado. Y claro que allá no hay nada. Me siento viejo, arrugado, desvalido. Al menos cada vez que regreso a esta plaza de barrio, a este banco desvencijado. Siento que ese momento que todos creemos que no llegará jamás ha llegado, se presentó firme, y ya no como una simple sombra uniforme. Será aliado o enemigo, será vejez o primavera. Será algo, poco o nada. Será lluvia o sólo viento. Y es que será así, y sólo será.
En el viaje, algún día te llamarán hijo, segundos más tarde, alguien te jurará su amor eterno y llorarás cuando te digan papá. Cuando vuelvas a pestañear, serás tío, y no mucho más lejos abuelo, y finalizarás siendo el viejito de una plaza cualquiera, de un olvidado barrio ubicado en una sucia ciudad. Serás viento, lluvia, ira y una porción de sueños. Pero ese momento, esa plaza, las hojas verdes y quizás la lluvia, permanecerán. Un descubrir y remojar los ojos porque el viento mucho más que el tiempo, se lleva demasiado a su paso. Ya no soy eso que fui.