Cuando me enteré que habías partido me encontraba perdido en medio del mundo, sin querer y sin pensar me sentí solo y entonces justo en ese momento, cuando ya mi corazón no soportaba mas balazos, cayó la noticia con la dureza con que venían pegando las gotas de lluvia en mi cabeza. Recuerdo tener mi mochila con la misma ropa de hacía una semana, unos pocos pesos en el bolsillo y un par de libros que tenía ganas de leer en algún banco de una plaza ni bien saliera el sol. Pero el sol no logró salir y mientras caminaba mirando el piso, aturdido entre mis lágrimas y el millón de rostros que pasaban por segundo a mi lado, ahí lo supe. No necesité otra señal, así supe que te estabas yendo, y supe que el último beso y el último adiós te lo voy a dar en el cielo, pero te lo voy a dar porque te lo debo, y te debo el último te quiero, y te debo eso nada más pero es demasiado. Y así te fuiste, no pude después mas que seguir caminando y dejar que las gotas de lluvia sorprendieran a mis lágrimas, ni que mis ganas de abrazarte fuerte se confundieran con la bronca de que la vida nos da tanto que a la vez nos va quitando, y nunca sabemos como hacer para retener todo lo bueno para que no se esfume tan rápido que luego te haga pensar que no lo disfrutaste al máximo, o peor aún, que la vida
corre tan rápido que no sabemos frenar. Por suerte tuve momentos en los que supe frenar para tenerte sentada frente a mí para preguntarme sobre mi vida, para recibir tu lemon pie que nunca me cansé de comer y que hasta tenía que guardar abajo de mi cama para cuidarlo. Por suerte mi cabeza te recuerda y mi corazón te llora, porque eso quiere decir que fuiste y sos una de las personas mas hermosas que conocí en mi vida. Lo demás, lo del pasado, es parte de una historia inolvidable, es parte de recuerdos imborrables, historias, historias.