lunes, 6 de diciembre de 2010

Costumbre animal (parte II)

En un momento del tiempo algo se rompe. En ese lapso imperceptible del tiempo nada vuelve a ser lo que supo ser. No habrá palabras que puedan rescatar ese momento del ahogo que le produce saber que lo está perdiendo. Quizás  soy inoportuno y cuando menos te lo esperas, ya estaré armando mis valijas para irme a buscar otro corazón clandestino. O es que seré  un insensible que se va sin que lo echen y no deja cartas de despedida.
Es tan ausente el tiempo que cuando uno lo quiere encontrar de buen humor, se nos pone muy curioso y así simplemente se va. Cuestión de costumbres dirá el tiempo si se lo preguntas. O cuestión de honor te diré yo si me lo preguntas. En todo caso la costumbre es la raíz de todos los conflictos.
Si la señora Alba, se sienta todas las tardes en la mesa de la última fila, pide un café solo con tres de azúcar, se fuma 10 cigarrillos en una hora y luego simplemente se va, es por costumbre que lo hace. Acciones encarnadas muy en lo profundo como para intentar desterrarlas.
No tengo la menor idea que es lo que ella busca, ella simplemente se sienta a tomar una café, fuma de una manera descarnada, paga la cuenta y se va. Sus ojos no dicen nada, y eso es lo más extraño de todo. Cada momento en que la observo, su mirada no tiene fondo, no hay un final en esa mirada, y así de fácil me pierdo. Me doy por vencido y sigo mi camino.
Intento luego más tarde sacar conclusiones y por costumbre llego a pensar que alguien la debe haber convencido de lo fácil que era sentarse a esperar el amor en un bar o peor aún, de lo sutil de sentarse a olvidar el amor en la soledad de un cafetín porteño. Al final de cuentas, el resultado da siempre igual. Todo en un momento del tiempo se torna una costumbre animal y nos pierde en momentos imperceptibles, llevándonos al vacío y la inseguridad de no saber regresar a tiempos mejores. Quizás algún día Alba decida olvidar.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Costumbre animal (Parte I)

Morir quizás también podría ser renacer. Si la hemorragia interna de tus emociones ya no se puede detener, la sangre en crudo saldrá por tus poros como si fuera sudor. Como si esa angustia existencial se condensara y de pronto todo se mezclara súbitamente hasta no poder tener más control sobre tus emociones y sentimientos. Todo comienza a desparramarse por el cuerpo, se torna sangre y se despide en forma de sudor. El hombre es ciertamente un animal de costumbres, y cuando aprendió a amar, nunca jamás pudo dejar de hacerlo. Aun a cuesta de saberse en desventaja.
Aquel que aprende a viajar en su interior y aprende a frenar esas hemorragias es aquel que conocerá la fórmula de vivir fuera de la costumbre y la dependencia insaciable.

sábado, 16 de octubre de 2010

Aromas

Todavía huele a tuco, a pasta de domingo alrededor de la casa, y llega hasta la cama. Se mezcla con el aire fresco que recorre mi habitación y no tarda en meterse entre mis sabanas. De fondo suena una canción de Pink Floyd, suave e intensa, exquisita como los ñoquis de mamá. 
En el pueblo la siesta es obligatoria a las dos de la tarde, y más aun, cuando afuera sopla el viento arremolinando el polvo seco de la tierra, haciendo temblar las hojas resecas de los viejos eucaliptos que rodean la manzana. Y aunque suene aburrido, en estas cosas tan simples están escondidos los sabores más palpables de la vida. La perfecta mezcla de un día frio y ventoso, con el aroma vivo de un tuco casero y esa música que como bien dice un amigo mío, nos lava los oídos y nos hunde en el más profundo de los sueños.
Lógicamente, quiero llevarte a pasear por mi casa, quiero que la recorras, que puedas sentir en la profundidad de tu respiración lo maravilloso de estos olores. Quiero que mientras caminas descalza sobre el frio suelo, puedas volar con la paz de estos sonidos. Quiero que seas capaz de imaginar un mundo perfecto en esta hermosa tarde de invierno. Libre de todo sentido, el mundo se hace cada vez más irreal, y cuanto más irreal se torna, más perfección toman los sonidos, los olores, y colores de esta vieja casa del pueblo.
Que el cielo se te haga interminable, depende de tu imaginación. Que lo que leas te asombre, de cuan soñador seas. Sin sueños, sin imaginación y sin sentimientos, la vida es sólo una taza de café frio.
Hay canciones, hay olores, y hay momentos que nuestros sentidos no olvidan y que se recrean eternamente. Hay aromas que combinados con sonidos especiales en tardes frías y ventosas, calientan la taza de café. 

viernes, 1 de octubre de 2010

Sala de espera

Los cinco tipos que esperaban en la puerta del bulín de las dos minas más populares del barrio de Flores se derretían bajo el calor de la tarde noche del despoblado verano porteño. El primero estaba pegado a la puerta de espaldas a la calle, como demostrando cierto orgullo de decir que estaba ahí porque no le quedaba otra, que aún ama a su mujer, pero que ella está esperando el décimo hijo y ya hace como un año que la gorda no se deja tocar. El segundo de la fila, estaba recostado de perfil contra una de las ventanas del apartamento, tenía una camisa medio anaranjada de mangas cortas, unos jeans bien ajustados color negro y unos mocasines también de color negro, pero con esas suelas molestas que al caminar rechinan contra el piso a cada paso. El tercero en cuestión, un tipo alto y flacucho, con la cara rancia y una barba de meses sin retocar, vestía una remera que en algún lugar del tiempo habría sido blanca, un pantalón azul y unas zapatillas, de las cuales una era azul y la otra negra, creo. El cuarto de la fila, vestido de traje, bien afeitado y peinado a la gomina, con un maletín bien apretado debajo del sobaco y en su mano un pañuelo para secar el goteo incesante que caía por su frente. Y el último, un enano inquieto, se la pasaba dando patadas al piso y golpeando su cadera con los dos brazos a la vez, mostrando toda su impaciencia, apenas dejaba ver su rostro tapado por unos anteojos negros y una capucha.

Cuando Mabel abre la puerta de entrada, salen dos tipos, en ambos su cara decía que por unos pocos pesos la vida había valido la pena vivirla. Y entonces los cinco de la fila se aprestan para entrar, no sin antes chequear sus bolsillos para asegurarse que tenían los mangos suficientes para pagarles a sus putas.
El primero de la fila la saluda con un beso en la mejilla y así van entrando los cinco que esperaban en la puerta, con excepción del enano que le come la boca a la puta sin dudar un instante y ella tampoco se niega. Todos ellos parecen conocer al detalle el bulín, y también parecen saber que van a tener que darle unos minutos a Mabel y Samanta para que se den un buen baño. Mientras tanto, los cinco personajes se quedan en la sala de espera que hay en la planta baja del lugar. Ésta es un pequeño living rectangular con cinco sillas, tres de un lado y dos enfrente, una mesita de vidrio en medio y un revistero en cada extremo. También cuelgan en cada una de las cuatro paredes un cuadro. Cada cuadro recuerda a un lugar de ensueño. Uno de ellos pareciera ser la Torre Eiffel, el segundo algún canal de Venecia y dos bellos amantes pasando debajo de un puente en su bote. El tercer cuadro es una hermosa playa del norte Brasil quizás. Y la última pintura pareciera ser una antigua calle tanquera del barrio de San Telmo. En uno de los extremos de la sala, unas escaleras que llevan al primer piso donde están las dos habitaciones y un baño. Con los cinco tipos sentados en el living, desde el primer piso bajan las risotadas histéricas de las dos minas, que a su vez se mezclan con el sonido de la lluvia de la ducha. Abajo el silencio es insostenible y eso está bien marcado en las caras depresivas de los hombres en la salita de espera. Cada uno imagina y conversa consigo mismo y con su propio sufrimiento.  Son todos monólogos en voz baja, casi susurrándoselos a sí mismos, bien hacia dentro del pecho de cada uno de ellos. El enano putea en voz baja al flacucho, lo ve ridículo y fracasado, dice que seguro que no la pone hace más de un año y que por eso tiene la cara como un zapato, y que lo más seguro es que no sepa en cuál de los tres agujeros la tiene que meter.  El flacucho, se rasquetea la mejilla con todos sus dedos a la vez y con cara pensativa, va exponiendo su monologo a sí mismo, balbucea y en ciertas ocasiones hasta puedo leer sus labios. En cierta forma, se va riendo de cada uno de los cuatro personajes, del enano dice que está pasado de merca y por eso esta tan inquieto, que seguro la tiene tan grande que Mabelita le va a cobrar con recargo por daños y perjuicios. Después se encarga del hombre que tiene el maletín aun bajo el sobaco, dice que es un chorro de mala muerte y que transpira sin parar de los nervios que tiene porque lo debe andar buscando toda la policía bonaerense, y que en el maletín tiene unos miles de dólares bien fresquitos. Luego de refilón otea hacia donde está el hombre de camisa anaranjada, y por dentro se muere de risa pensando lo ridículo que se ve vestido de esa manera, segundos más tarde se le escapa una carcajada y los otros cuatro lo miran con dientes apretados. El tipo de camisa naranja, mira el suelo y apoya su rostro en las palmas de su mano, mueve su cabeza a un lado y a otro, odiándose a sí mismo por estar metido allí dentro. Entre tanto, arriba siguen las risas histéricas de Mabel y Samanta. Luego por la escalera las dos bajan al ritmo del taco aguja y las voces ya suavizadas a dúo entonan una buena cumbia de barrio.  El primero de la fila ya se regocija pensando en que ha llegado su momento de gloria y el tipo de camisa anaranjada confirma ese regocijo del primero llevándole una leve sonrisa a su rostro. Samanta toma de la mano al primero y Mabelita al segundo, que de paso le tantea el culo para confirmar que todo estaba ahí bien firme. Suben a los besos, las putas no paran de reír hasta que cada una entra con su víctima de turno a la habitación. Ahora si arriba se arma el griterío, y abajo abunda el silencio entremezclado con el humo espeso del cigarrillo que se estaba fumando el enano y la impaciencia del resto.  De golpe se escucha un cachetazo que bajó la escalera con olor a latigazo seco sobre la espalda mojada de un esclavo, y es que Samanta le había advertido al hombre casado que por atrás era otra tarifa y él no lo quiso entender por las buenas, y por lo tanto ella dejó de lado toda su femeneidad y le estampó un manotazo nada sutil. El primer manotazo fue el que bajó doloroso por la escalera pero luego hubo un segundo estampido que dejó bien en claro quién es la que manda a la hora de los bifes. Sin que hubiera podido siquiera echarse el primer polvo, Samanta lo despachó a patadas desde la escalera hasta la puerta de salida, dándole una patada tras otras y maldiciendo a todos sus parientes uno por uno.  En la otra habitación, Mabel parecía disfrutar de una hermosa cabalgata encima del austero pero eficaz hombre de la camisa naranja. A medida que pasaban los minutos los gritos de la diva iban en aumento, hasta que todo concluyó en inmenso suspiro a dúo y al unísono, momento en el que ambos se dieron cuenta que el instante de gloria había acabado. Luego, ambos se visten sin decirse ni media palabra, lo más rápido que pueden. El tipo sale a las corridas de la habitación y Mabelita se mete en el baño a lavar parte de sus pecados y parte de su cuerpo. Empapada en sudor, dejó caer sus lágrimas con la facilidad con la que se acuesta con los tipos que la visitan a diario. Moja un poco su rostro, se acomoda un poco el sostén, saca una tanga nueva del ropero, y se pone un camisón de seda rosa que un viejo amante le había regalado años atrás. Abajo, Samanta acaba de deshacerse del primero, pero va por más y toma la mano del enano, a quien sube a los apurones por la escalera y lo mete de prepo en el cuarto para probar sus dotes de buen amante. En la planta baja se escuchan primero los pasos acelerados del tipo de la camisa naranja, que pasa luego en medio de la sala de espera con el rostro sonrojado y más tarde da un portazo acorde a la situación. Detrás de él se escucha el taconeo de Mabel que baja en busca de alguien que la haga gozar un poco más que el anterior. Elige inteligentemente al hombre que aun tiene debajo del sobaco su maletín. Lo sube de la mano con dulzura inusual y lo lleva dentro de su habitación, y allí lo desnuda con desespero, desenfrenada y desesperada, le iba destrozando la ropa ante la mirada atónita del hombre de traje impecable y el latir fuera de control de su corazón débil. Mabel lo tiene a su merced y de un empujón lo deja indefenso y desnudo sobre la cama. Se le tira encima y le hace el amor, a las carcajadas lo pasea de lado a lado de la cama y el pobre tipo que no puede seguir semejante ritmo se siente en la boca del infierno, se aturde, la situación lo sobrepasa, y se entrega por fin al sublime momento de lujuria y placer del sexo con una puta de mil batallas. Los diez minutos de placer por los que había venido se habían transformado en horas de batalla desigual, batalla en la que desde que recibió el primer golpazo no podía aguantar que llegara el momento del knock out. Y así se fue del cuarto de Mabel, derrotado y menospreciado en todos los aspectos del arte de amar. En silencio bajó las escaleras, mirando el relucir de sus zapatos negros y sin dejar de apretar su maletín debajo del sobaco. Y mientras él bajaba derrotado, escuchaba al enano dándole una cátedra a Samanta, haciéndola llorar de dolor, y llorar de placer, zamarreándola por toda la habitación y encima recordándole lo puta que es y lo buena que está. Cuando el hombre llega a la planta baja, se escucha a Samanta decir que por atrás no, y al enano replicando con un cállate puta de mierda y hacé lo que yo te digo. Mabel lo escucha y se mata de risa en medio de la sala de espera, mientras el flacucho de cara rancia aun no sabe qué carajo está haciendo ahí metido. Ya todos se han ido, sólo queda Mabel que intenta montarse al flaco que anda perdido en sus pensamientos desalineados de todo sentido, y arriba Samanta que ha entrado en una batalla desigual con el enano endemoniado. Los diez minutos del desquiciado habían pasado largamente pero éste no iba a largar la batalla hasta ganarla por knock out, y es más, se le escuchaba a Samanta rogar por que el petiso acabara y a éste reírse a carcajadas y decirle que lo vinieran a sacar con el ejército porque él nunca deja las cosas a medio hacer, y finalmente pareciera que es cierto, porque desde abajo, parece que la pelea no tendrá fin. Mabel intenta con el flaco pero no hay caso, éste saca la billetera y le da lo que le corresponde, luego un beso en la mejilla muy dulcemente y se va del lugar diciendo que el mundo está lleno de hijos de puta, pero también está lleno de putas con hijos. Y terminó diciendo que ni el mundo ni las putas fueron hechos para él.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Final –Verborrágico-

El más santo de los pecados se hizo carne. Devorado por la emoción que le creaba saber que abandonaba el mundo. Aliviado. Suena injusto, y hasta malparido pensar en contar el final de una historia cuando hasta el mismo personaje pide a gritos que todo se termine. Me negué a matarlo hasta el día de hoy, quise que se diera cuenta de que la gente que lo rodea lo adora y lo acaricia tanto como él mismo está dispuesto a aceptarlo. Pero llegó el momento de aceptar que verborrágico ya no está.
En su último día no quiso hacer nada, no quiso fumar ni bien abrió los ojos, ni dialogar en la esquina de su casa con el diariero. Sólo esperó el momento del atardecer, enroscado entre las sábanas húmedas de su cama, sofocándose del calor que hacía en la ciudad. Dentro de su casa el aire ardía sobre su blanca piel.
Antes de salir de su casa rumbo al bar, a esperar que llegue el final tan ansiado, llamó a su amante.
Ella era de esas mujeres incondicionales del amor, que aman aún sin tener la seguridad de ser correspondidas, que soportan los golpes más duros de las relaciones. Ella daba todo por él, a cambio de nada. Nada le importaba, sólo su amor.
Jazmín pasó por la casa a buscarlo para acompañarlo al bar. Lo sacó de la cama y le quitó toda la ropa para llevarlo a darse una ducha. Lo sentó en la bañera, le dió un baño de agua fría y lo llenó de caricias.
Recostados sobre la cama, Jazmín comenzó a llorar. Sin necesidad de una sola palabra, y con una auténtica mirada que lo dice todo, le pidió que le quitara la vida. Ella no dijo nada, no podía parar de llorar.
Antes de salir, él puso un arma en su bolso. Luego sin decir ni una sola palabra por el camino, pasearon de la mano por La Boca, hasta llegar al bar de siempre.
En el bar de siempre hubo otro crimen, otro de los tantos que el amor suele llevarse. Quizás un tanto especial, se podría decir. No es fácil aceptar que la persona a la que tanto amas se quiera ir. Mucho menos fácil es poder dejarla ir. Pero se fue.
Pasional. Irracional. Impulsivo. Verborrágico. Cuando alguien se quiere ir, sea por la razón que sea, que se vaya.


Nota final
Verborrágico, está dedicado a todos los que fueron víctimas de un crimen alguna vez. Que sufrieron y salieron más iluminados y más felices de lo que creyeron ser jamás.
Verborrágico es confuso, y no tiene un final, porque no hay necesidad a veces de darle una final a las cosas, simplemente porque a veces uno no quiere que se termine.
Y por último, verborrágicos son los ojos, las miradas. Las más de las veces las palabras están de más.

viernes, 9 de julio de 2010

Medley confuso –Verborrágico-

La sangre corría mansa por su pecho. Las venas de su cuello parecían grandes autopistas que se ramificaban hasta alcanzar la eternidad. Finalmente acomodó sus manos debajo de la cabeza y cruzó las piernas. Alguien encendió un cigarrillo y lo puso en su boca cumpliendo su último deseo.
Ya las palabras habían dejado de correr por su cuerpo frágil y ensangrentado, y es que alguien ya se había cansado de escucharlo. Y es que para la gente común su razón se deshilachaba entre palabra y palabra, entre copa y copa, entre el día y la noche. Pero en su brillante mente expositiva, habitaba un caótico mundo de fantasía. Era un bello paisaje habitado por demonios, hadas, duendes, sirenas, dioses griegos. Era según él lo recreaba en su imaginación, un mundo subacuático, infinito. Logro creer estar viviendo dentro ese mundo en que sólo él podía habitar. Jamás pensó que caminara por el barrio de La Boca, nadaba en él, buceaba, conversaba con los peces más extraños que podían vivir en ese submundo. Cuando sentía que se ahogaba dentro de su mundo, escapaba nadando desde la barra del bar hasta la cama y allí dormía evitando sufrir la asfixia de ser un pez distinto. Aunque allí también sufría de asfixia. Así, claramente todos los caminos lo llevaban a terminar sumergido en sus fantasías. ¡Qué bella forma de escapar de todo!
Era brillante. Discursivo. Reflexivo. Pero siempre terminaba por sofocarse.
En su ideología había una teoría sobre las personas: decía, -“sólo hay dos personas que me resultan inteligentes: aquellas que hablan hasta que les arde el paladar de tanto hablar pero que uno no puede dejar de escucharlos, por el simple hecho que hacen fluir el discurso de una forma maravillosa, se abstraen del mundo y van creando tanta fantasía que por más que nos suene a mentira, amamos creerles porque nos cambian la visión del mundo. Y después están aquellos que hablan muy poco, casi nada, aquellos que tienen contadas las palabras que han pronunciado durante el día, pero la dureza y la veracidad de las mismas hacen que uno se rinda ante tal hallazgo, claramente lo considero la forma más bella de seducir”.
Así es que todo este relato a mi me suena fantasioso, me abstrae y logra que yo mismo pueda crear mi propio mundo en donde todo lo que existe sea lo que yo quiero, lo que yo espero y así ya no quiero volver.
Su as en la manga fue su simpleza, su peor demonio el desamor. Su eterno rival la muerte de su madre a quien jamás pudo olvidar. De ella no había heredado más que dinero y un sinfín de dolores, los propios y los de su madre. Pero aun así la extrañaba y eso lo llevaba a recrearla en su imaginario cotidiano. No es fácil entender lo que por su cabeza corría, ni las ideas ni las certezas –certezas que las más de las veces podrían resultarnos absurdas-.
Por cierto que tenía la ventaja de ser joven, adinerado y extremadamente culto. También es cierto que era un incomprendido solitario. La misma soledad que lo hacía vivir consumido por la confusión y la vil necesidad de penetrar permanentemente en su propia Atlantis (ese mundo submarino que tan brillante fue al construir). ¿Una genialidad? Confusa la respuesta. Pero, ¿qué mejor que intentar salir de una batalla imaginando un paraíso?
Por el momento la confusión de su historia sigue aquí. Corre por la brisa del barrio, mientras los peces intentar respirar en el mundo real, el sólo respira bajo el agua y por eso es que está tendido en el piso del pequeño bar mientras sus personajes mitológicos –algunos- y precarios –el resto- admiran la proeza de ver al hombre disfrutar su último rayo de luz aun sabiendo que no habrá más verborragia.

martes, 22 de junio de 2010

Intro -Verborrágico-

Nació a los gritos. Murió –o mejor dicho lo mataron- por no callar. Personaje rocambolesco, casi grotesco, de estampa fina a simple vista pero trágico en su interior. No se podía evitar lanzarle encima la mirada al cruzarlo por el bar del barrio de la boca, pero él distorsionaba cuanta mirada le clavaran. Al caminar por el barrio dejaba su huella diaria. De la cama al baño, del baño a la extensa charla con el diariero de la esquina de su casa y de allí al bar a mezclarse con una veintena de personajes porteños.
Amanecía cerca del mediodía, con aliento a cerveza y lo primero que hacía cuando abría los ojos era manotear de la mesa de luz un cigarrillo y un encendedor. Prendía el pucho y volvía a cerrar los ojos.
Parasimpático, abstracto, psicológico, renegado. Así definía su humor al despertarse. Así caminaba rumbo al bar, esquivando las almas ajenas, esquivando la propia. Aunque en realidad, él decía que su alma se había exiliado desde la muerte de su madre.
Insólito, anormal, sedentario, imperfecto. Así se sentía caminando rumbo al bar. Buscando un lugar en el mundo, siempre acababa en el mismo antro. Saboreaba el olor a borrachos, intelectuales de barrio, trabajadores mediocres y hombres sin ley.
De a poco se fue creando un mundo repleto de sinsabores. Amigos del momento y de la oportunidad. Amigos cerebrales, amigos de bar, amigos oscuros. Todos personajes que se iban confundiendo entre el mediodía y la noche con él. Atravesando barreras desde lo absurdo hasta lo irrisorio crecían las horas a su lado.
Intenso, desposeído, equilibrado y feliz. Así se siente ahora que la noche lo muestra desparramado en el piso del bar con un balazo en el pecho. Difícil de entender que un hombre tan audaz sienta la plena felicidad justo antes de conocer la muerte.

sábado, 15 de mayo de 2010

Mentime que me gusta

La verdad es que verdaderamente todo se confunde cuando se la nombra. La verdad te deja mal parado cada vez que la escuchas pero a la vez te deja el alivio que te da un beso de mamá en la frente para luego poder dormir plácidamente en tu lecho. Lo que tiene un significado verdadero para mí, para vos no es tan así. De hecho alguien puede decirte que te ama, y al día siguiente decirte que no, pero quién puede discutir que realmente no lo sentía así. La realidad nos dice que la verdad está escondida en algún lugar gustosa por ser encontrada.
Convive de manera necesaria con la mentira al punto que son grandes amigas, casi inseparables. Todos buscan que sea así, nadie quiere que ellas se peleen. Esto es tan cierto que si lo pensamos profundamente encontraremos que detrás de una verdad habrá una mentira agazapada, como escondida detrás de sus largas piernas. Sus largas piernas, tan suaves y refinadas, se roban nuestra atención, que sólo vemos el camino que recorren sin mirar que hay detrás de ellas. Nos vemos fascinados por su majestuoso andar, pero olvidamos que la mentira está lista para atacar en el momento menos esperado. Y cuando menos lo esperamos, cuando más indefensos estamos, la mentira pega un zarpazo y nos voltea, dejándonos malheridos, casi moribundos ante el súbito ataque. Aquí comienza la batalla sangrienta entre la verdad y la mentira a la que somos insignificantes espectadores y en la cual no nos convendrá participar, de lo contraria de casi moribundos terminaremos en la morgue sin siquiera tener el derecho a un digno entierro. Ya no depende de nosotros la victoria de una sobre otra, sino que será una batalla entre la majestuosidad del bello andar de la verdad y la ferocidad de las garras de la mentira quienes decidan el pleito. Aunque no habrá jueces, lo cierto es que necesariamente habrá un vencedor y también habrá quienes se alíen a la mentira en caso de ser proclamada vencedora y no habrá nadie que acompañe a la verdad si resultara salir victoriosa de tan desigual combate. La verdad no podrá buscar entre nosotros un aliado, si logra vencer en la batalla, será un solitario vencedor y no encontrará en nosotros la mirada cómplice que ya estando moribundos no seremos capaces de entregar.
La mentira y la verdad reinan en nuestra conciencia, son una monarquía absolutista casi una dictadura a la cual estamos resignados a padecer la furia de un rey sin compasión alguna y la belleza de una reina que intenta disuadir con sus encantos tanta maldad. La pelea es constante, al punto que por momentos pareciera que reina la mentira y que la belleza de la verdad no podrá sobreponerse, y cuando pareciera no haber salida, resurge la bella reina para tomar el control de tanta fragilidad.
Frágil, es nuestra conciencia, frágil es la verdad y la mentira, frágil lo que se siente en el momento de la batalla. Y es frágil, porque al menos yo quiero y deseo con una lágrima austera que la belleza triunfe tanto en mi cabeza como en el mundo que vivimos.

viernes, 14 de mayo de 2010

¿Qué carajo es el amor?

Cuando ella fuma en el balcón de su departamento, pegada a la baranda y con la mirada fija en el piso que se ve tan lejano, y deja caer la ceniza encendida, algo sucede. Algo en ese descenso lento y casi maravilloso se va apagando con la mansedad que sólo ofrece la suave brisa de una noche a solas. Y sorprende de sobremanera verla mirar el piso, ahora con la mirada fija en esa chispa encendida que va perdiendo su color rojizo y ardiente a medida que va cayendo. Ella se asombra. Y luego más pronto su cara se vuelve triste y se pone a pensar. Y piensa que esa chispa que se va apagando poco a poco a medida que empieza a caer lentamente no es sólo eso. Es mucho más que una simple ceniza ardiente que se apaga. Es su amor viajando al piso, sin prisa pero sin pausa. Como envejeciendo sus ganas de poder pelear para que no caiga tan rápido y poder disfrutar de la maravillosa vista que ésta le ofrece. Una vez en el suelo, todo se desvanece y pierde su color.
Con la cara triste a cuestas, ella da media vuelta y se pone a pensar, recostada sobre la cama.
¿Qué carajo es el amor? ¿Cómo puede ser que desde una simple ceniza cayendo al vacío termine recordándote con tanta pasión? ¿Será que es sólo un invento de la sociedad para dejarnos con la sensación de que lo último que hay que perder es la esperanza? ¿O será que sólo endiosamos las palabras para sentirnos más a gusto dentro nuestro propio caos personal?
Demasiadas preguntas y ni una sola respuesta. Y ante semejante realidad, está ella. Tirada en su cama, dando vueltas sin poder darse cuenta que el maldito amor, al fin y al cabo es sólo un juego. Un juego personal, que hay que estar dispuesto a jugar. Y no debería importar demasiado si ganás o perdés.
Pero ella no logra entenderlo y sigue sofocándose en la cama. Abraza su almohada con fuerzas de otro planeta. Y así vuelve a creer que lo está abrazando a él.
Ya no le importa tanto la ceniza de aquel cigarrillo apagándose al caer. Le importa haber visto caer lentamente su amor por él. Y a mí, que soy quién la observa desde lo lejos, me gustaría preguntarle: ¿Si tanto lo amás, por qué lo dejaste ir? Seguro que ella no lo sabe, y lo peor es que yo creo yo tener la respuesta. No quiere jugar, y por lo tanto no es capaz de amar.
No sabría cómo responderte tantas preguntas, porque ahora hasta yo mismo me lo pregunto. Creía que lo tenía todo muy claro, pero al verla sufrir desolada sobre su almohada que ya no podía resistir el abrazo, tengo la seguridad de que no tengo la más mínima idea de nada. Soy un iluso que cree en sus propias convicciones y voy fluyendo con ellas río abajo.
Y por último vuelvo a insistir mientras veo mi propia ceniza caer al vacío con su majestuosa lentitud. El amor es lo que vos creas que es, es lo que vos sientas que puede ser. O quizás sea mucho más que eso. Tal vez sea una persona idealizada que buscamos desesperadamente hasta el final de nuestras vidas pero que muy pocos son los agraciados que la encuentran. O como mínimo, es una palabra tan fuerte que no podemos despreciar el momento que la escuchamos y nos hace poder empezar un camino lleno de estrellas. Y como nota al pie de página, le digo a ella que encienda otro cigarrillo y que cuando vea la ceniza caer, disfrute la caída.

miércoles, 21 de abril de 2010

Muy Calipso

Algunas heridas cierran a medida que el tiempo va pasando. Dejan su marca en la piel. Al principio si las tocas, arden fuertemente y si el viento sopla sobre tu piel, el dolor se agudiza. Por esa razón, es el momento en que tu herida y tu piel, necesitan de la lluvia. Suaves gotas de frescura que se posan en esas marcas que el tiempo deja, para aliviar tanto ardor inoportuno. Así cuando el reloj pasa irremediablemente con la lentitud que tanto te desvela, notarás que la herida esta cerrando, que ya el viento no te provoca ese ardor que se te hacía insoportable, y que las gotas de lluvia seguirán dando frescura. Dejando correr un poco más el reloj, ves que el tiempo sólo ha dejado una leve marca, pero que todo lo que te hacía sufrir de dolor se ha borrado. Y te das cuenta que las gotas de lluvia, el tiempo, el viento y la paciencia del corazón sólo se hallan en las pieles más curtidas. No sentir dolor es como jamás haber amado. No disfrutar del tiempo y del viento es como creer que nunca te irás de mi lado. No amar la lluvia es como decir que no confió en lo que la vida me enseñó. Creo que no hay forma que hoy pueda caminar por la vida sin poder amar la lluvia y apreciar los efectos del viento sobre la piel. Creo que no hay forma que deje de soñar con vos ni de ser un niño en medio de la selva. Y no dejo de pelear por lo imposible, porque todo lo posible se agotó.

domingo, 7 de marzo de 2010

Historias mínimas II

A y B se conocieron una noche furiosa llena de alcohol. Tanto A como B pensaron que lo que aquella noche se había encendido se apagaría esa misma noche, pero no fue así. B se enamoró de A apenas ambos sucumbieron en las llamas de la cama, A aun no lo sabe. B supo que A estaba enamorada de C, y así las esperanzas se esfumaron al ritmo del candombe loco. A no quiere dejar de ver a B, se siente a gusto con él, se divierte. B añora el momento en que A abandone a C y se desmaye de amor en sus brazos. Pero tanto A como B saben muy bien que eso no va a pasar y para colmo B no tiene fuerzas para pelear por algo que ya sabía perdido de antemano. Sin embargo no quiere dejar de ver a A y quizás A tampoco quiera y algún día caiga en la tentación de encender el fuego sagrado de esa pasión sin control, pero sabe muy bien también que está jugando con un corazón roto, el corazón roto de B se olfatea a la legua que huele a sangre de heridas sin sanar y su aliento huele a soledad.
B aceptó dejar de ver a A, A sabe que no se puede seguir así, conoce las llagas del amor sin coronas y sabe el ardor de los desamores. Supo oler bien su soledad a distancia, quiso seguir amando a C. Para B no vale la pena, ya no vale llorar por amor en tiempos de guerra. A siguió amando a C por años y B no logra olvidarla.
El amor en realidad es una ecuación demasiado simple que nosotros complicamos a menudo. Lo simple de esto es saber que A es igual a B y que B es igual a C, pero el truco está en saber que la simpleza de la vida se esconde detrás de la más compleja ecuación. B supo bien que A ama a C, dio un par de pasos a la izquierda para probar a si mismo que en algún lugar del tiempo la ecuación dejará un lugar para su letra. Y de mas esta decir que lo bueno es saber cuándo parar, pero más aun es saber que el tiempo esconde cosas que nadie es capaz de ver a lo lejos. Cuanto más cerca estemos mejor. El fuego de aquella noche sigue encendido para vos.