martes, 15 de septiembre de 2009

Sincericidios

Los hombres sabios conmueven por su paciencia. Los ignorantes por la aspereza y agilidad de sus puños.

Necesito tanto de mi soledad que no podrías comprenderlo jamás. No intentes llegar hasta mí, podrías salir malherida.

Cuando mires al cielo y se vea negro, mira al infierno y si se ve negro, mira hacia adelante y si también todo se ve negro, entonces deberías mirar hacia atrás. Y si atrás todo sigue viéndose negro, entonces deberías pensar que has hecho con tu vida para estar hundido en un mar negro.

Todavía quedan las marcas de tus dedos que rasgaron con rencor aquel vidrio empañado mientras me dejabas ir.

El deseo es una agonía incorruptible.

Detrás de las nubes siempre está el sol. Detrás de tu alma hay una canción. A través de tus ojos la soledad. En el fondo de tu pecho la libertad. En las agujas del reloj una daga mortal. En tus pies se vislumbra la calma. Y en tus manos todo un mundo por retratar.


Si pudiéramos convertir este amor en un negocio, en algo parecido a una gran empresa, no necesitaríamos más que vernos para mantenernos con vida.

martes, 8 de septiembre de 2009

Náufrago

Derrotado, casi sin aliento, despilfarrando sueños, y alegre en la cornisa, veré el fiel rostro de un amor perdido. Caminando en ese abismo en el que ya no hay lucidez y donde abundan las sombras, la brisa del mar tormentoso perderá su peligrosidad para entregar paz al alma de aquel que ya no cree que el aire pueda ser puro y fresco aún en medio de la peor de las tormentas.
Allí estará él, sentado en la proa de un barco que lucha para seguir siendo la fuente de toda esperanza. Y luego más tarde y sin apuro, nacerá ella, la fiel amante del marinero que jamás abandona su barco.
El "Esperanza", aquella noche tormentosa e infiel, dura e inhóspita como la piel del desahuciado marinero, halló un banco de arenas blancas cuando el sol decidió que había llegado la hora de relucir su majestuoso ascenso desde la línea infinita del horizonte hasta brillar sobre aquel mástil ajado por la sal y los sueños rotos.
Aquel hombre de mar y de viento, encalló en una  mansa isla con su nave. A su encuentro fue ella, ángel perdido de naufragios pasados.
El mar y el viento, las tormentas y los naufragios, dan como único resultado el amor. Un amor que siempre está por llegar aunque el mar anuncie lo contrario.