Los hombres sabios conmueven por su paciencia. Los ignorantes por la aspereza y agilidad de sus puños.
Necesito tanto de mi soledad que no podrías comprenderlo jamás. No intentes llegar hasta mí, podrías salir malherida.
Cuando mires al cielo y se vea negro, mira al infierno y si se ve negro, mira hacia adelante y si también todo se ve negro, entonces deberías mirar hacia atrás. Y si atrás todo sigue viéndose negro, entonces deberías pensar que has hecho con tu vida para estar hundido en un mar negro.
Todavía quedan las marcas de tus dedos que rasgaron con rencor aquel vidrio empañado mientras me dejabas ir.
El deseo es una agonía incorruptible.
Detrás de las nubes siempre está el sol. Detrás de tu alma hay una canción. A través de tus ojos la soledad. En el fondo de tu pecho la libertad. En las agujas del reloj una daga mortal. En tus pies se vislumbra la calma. Y en tus manos todo un mundo por retratar.
Si pudiéramos convertir este amor en un negocio, en algo
parecido a una gran empresa, no necesitaríamos más que vernos para mantenernos
con vida.