No encontré una temporada en tus ojos en que no te haya sentido fatal. Mi cuerpo se esfumó y se alejó del tiempo, un tiempo que no me perteneció jamás. Xan, desorientado y muerto de frío, la abrazó para siempre. Aquí es que comienza en la vida de ellos dos, una temporada que carece de tiempo, de distancias, en donde abunda la ausencia de lo irreal.
Fue un amor que duró para siempre, aunque en la realidad se haya acabado. Ni el olvido, ni los descuidos, ni siquiera el insípido desamor puede dejar de alentarme a seguir creyendo que ellos dos siguen juntos, abrazados de todo lo que los rodea. Aferrados al bien y al mal con todas las ganas, porque así fue su amor.
Una temporada en que Xin y Xan estuvieron por encima de todo lo demás. Durante ese tiempo incierto, soñaron que el verano arrasaba con todo. Soñaron con lluvias interminables en tardes del color del otoño, con brisas del invierno que se sobreponen al deseo de ser lo que no son. Esos recuerdos, de aquellas tardes imborrables, son las que veo caer en las lágrimas de Xin. Veo en Xan un poco más, algo de incertidumbre, y muchos deseos de que la lluvia arrastre todo lo que dejó en pie.
Recuerdo las marcas de sus pies en la arena mientras paseaban por la orilla de un mar inquieto y presos de los vientos suaves que nunca saben en qué sentido soplan. No logro comprender aun sus manos, ni sus ojos. Imagino con alguna certeza que Xan, de alguna manera sabe de eso mucho más de lo que yo pueda entender.
No podría explicar mucho, en este momento sigo pensando en ellos. Son dos personas con las que sueño eternamente desde que puedo soñar, en cierto modo. No debo esconder eso, ellos seguramente están soñando conmigo, con encontrarme y pasear juntos bajo la lluvia. Mucha lluvia, ellos aman la lluvia tanto como yo. Si tan sólo aquella tarde fría en que Xin se desplomó sobre los hombros de Xan hubiera llovido, seguramente todo sería muy distinto. Pero no hay nada que reprocharles a ninguno de los dos, aunque es muy triste verlos separados, o juntos y un tanto distanciados. Sinceramente me confunden, ni tan cerca ni tan lejos. Opuestos, pero no tan distintos.
No existe la dimensión del tiempo, tampoco existe el espacio, y mucho menos existo yo. Sólo quiero darle vida a un personaje que no es tal, darle el alma al espacio que es de todos, y sólo te quiero ver a vos. Pero qué decir del tiempo, y mejor no hablar más de la lluvia, ni mucho menos de aquellas tardes en que pisaba la arena mojada, con la cara empapada y muerto de ganas de verlos a mi lado otra vez.
Prometo nunca más creer en el tiempo, ni en los comienzos ni los finales. Amaré las temporadas, las tardes de lluvia con un breve color otoñal, la brisa fresca del invierno, y sobre todas las cosas a vos. Solamente a vos, Xin, sólo a vos, aunque no sepa dónde estarás después de mañana.