Hoy se calcula que diariamente mueren al menos unas seis mil personas en América
del Sur, y yo he iniciado una teoría sobre las causas del caos que esto provoca
en las vidas de todos nosotros. Es difícil poder explayarse sobre este tema, y
como toda teoría debería haber un planteamiento de hipótesis o al menos una
pregunta que nos lleve a investigar las posibles respuestas (quizás miles de respuestas a
una insignificante pregunta). Pero quizás aún más difícil sería
poder armar un marco teórico que no me lleve al naufragio tempranero y darle un final modesto a mi teoría. Cuando digo
tempranero es porque considero que al fin y al cabo todos naufragamos, y mi idea al menos es que
esto suceda más tarde que temprano. Se
entiende o al menos yo lo hago, que dentro de ese marco teórico deberían estar
contenidas y definidas las palabras claves de mi pregunta, para lo cual posteriormente
tendría que meterme en la imposible tarea de diseñar un trabajo de campo,
teniendo además que sofocarme en la repugnante misión de convertir en números
mis pensamientos, y eso puede convertirme lentamente en un ser aún más
despreciable del que ya soy. Por eso es que no quisiera acercarme demasiado a los números.
¡Salí de acá gato de mierda!- Perdón eso no entra dentro de la teoría.
En fin, daré mi primer paso y diré a mis pobres lectores lo que pienso: intento
explicar lo inexplicable mientras le aplico un chut en medio del lomo al gato
que estaba metiendo su lengua en mi taza de café, algo que se repite hasta el
hartazgo y que no consigo sacar de sus manías y costumbristas actos psicóticos.
¿De qué hablo cuando hablo del caos? Es que estamos asistiendo –pienso
yo- al final del amor puro, lo que a su vez lleva a que haya más caos, más
desorden, más lluvias, más inundaciones, y donde no haya excesos de lluvias por
la furia que provoca que se rompan los designios del señor, serán sequías
extremas, insolaciones, hambrunas, desnutriciones, pobreza extrema y absurda, asesinatos
y violaciones. Es el caos dentro del caos, a eso quería llegar yo. En parte
debo darle este crédito al gato, pero prefiero aún no darle mucho más que eso,
por ser un animal de costumbres, ellos siempre operan con gran habilidad dentro
del caos.
Ahora me tocaría respetar la metodología de la investigación y
plantear la pregunta, definir mis palabras claves, hacer una introducción y esbozar
el marco teórico con cierto orden, pero como mis lectores lo entenderán, tanto
el gato como yo, operamos mucho mejor dentro del caos. Mejor si es un caos
dentro del caos. Por el momento, simplemente diré que el caos es culpa de la
tecnología, especialmente la telefonía celular, el wifi, las apps, el 3g y el
4g, los chats, las computadoras (aunque ya nadie las usa, porque ya ni eso
necesitamos); es ahí dentro donde opera el caos, donde como una gato sin dueño
me iría por los tejados –dice Joaquín- en busca del amor sutil (amor en polvo, o amor instantáneo lo llamo yo) que nos sale por
los poros y se termina en la primera eyaculación precoz. Todos los designios
hechos en virtud del amor por los dioses griegos se van por los caños cuando
pasa que Marcos le rompe el corazón a Olivia para irse con Juana, a quien
conoció a través del celu usando una app nueva que te dice a quien tenés al
lado en el subte y si te gusta apretás un corazón y si ella también lo aprieta,
chau chau, se armó una cama hermosa y a llorarle a Joaquín -que rara vez se
equivoca-. Así se desarma lo que estaba planeado desde el comienzo de los
tiempos, se desatan las tormentas, tornados, ciclones, tsunamis y todo lo que
haya, porque si no para que mierda los griegos o los teotihuacanos, o cualquier
dios que quieran creer que haya existido, se tomó tanto tiempo en armar las
parejitas año por año, fecha por fecha y ciudad por ciudad, millones de
millones de combinaciones como talladas a mano para que aparezca un boludo a
cagarnos la vida con los celulares y que nos puedan encontrar cuando no
queremos que nos encuentren o al menos que no estaba pensado que nos veamos.
Claro que la culpa no es de Marcos, ni de Juana, mucho menos del gato o mía,
que ya me encuentro desesperado por explicar lo inexplicable. Así las cosas,
para cada cagada, cada infidelidad, cada muerte por amor, un dios se vuelve
loco, se toma un whisky, y desata las tormentas más terribles.
¡Timbre de mierda! Inoportunismo pelotudo de los pelotudos que ofrecen
sus inoportunas visitas sin siquiera tener la decencia de avisarle al pobre pelotudo
que los recibe. En este caso, paso de seguir siendo tan pelotudo y seguiré
pretendiendo que es posible explicar mi débil teoría sobre el caos. Dicen que
allá por la Segunda Guerra Mundial los alemanes fueron vencidos por los aliados
gracias a la aparición de la primera máquina. Un invento que era capaz de
decifrar los códigos alemanes durante las comunicaciones. El nazismo sería
finalmente vencido por las fuerzas aliadas, millones de vidas fueron salvadas
pero otros tantos millones de vidas fueron destrozadas. Más caos dentro del
caos. Y si eso no fue el verdadero caos, este se parece bastante. No en su
esencia más visible y carnal. Pero claro, hoy esas guerras no existen. Hoy las
guerras se pelean online, se escriben a través de los periódicos que provocan
una mentira que genera otra mentira, y la bola de nieve nos va aplastando y
metiendo uno por uno, y así vamos hundiéndonos en el caos barranca abajo y sin
control. Mientras tanto, vos no estás, no sé a dónde carajo te fuiste un sábado
a la tarde para nunca más volver. Me dejaste, entonces yo me voy por ahí creyendo
lo que siempre creí. Que no puedo serte fiel, que estoy hecho para engañarte a
cada momento y en todos lados, pero no puedo resistirme a volver.
Volviendo a la esencia del caos, las máquinas, los celulares, las
guerras virtuales, los pelotudos inoportunos, los solitarios que viven
despojados de amores pero que recurren siempre en el mismo error, como un perro
que intenta mascarse su propia cola y da vueltas en círculos, y con final
anunciado terminamos diciéndole -¡perro pelotudo deja de dar vueltas!-. Bueno,
creo que de manera muy gráfica acabo de definir nuevamente el caos. Definido el
caos, en menor o mayor medida, debo avanzar a definir la palabra teoría. Creo que
es un concepto mucho más dócil, más definible que por sí mismo cae siempre en
el mismo lugar. Debemos aceptar que una teoría es el verso que
creamos en nuestras mentes para intentar entender lo inentendible, es decir
inventamos teorías para protegernos, para pensar que lo que pensamos es lo
correcto. Luego, pasado el tiempo todas las teorías se derrumban porque apareció
alguien más brillante que nosotros planteando una con más verso y sustento, y la
nuestra cae al mar del olvido.
Yo ahora creo que mi teoría se está viniendo abajo, y antes de que eso
pase prefiero cerrar una idea. Y si después de haberla concluido, se
derrumba, me importará un carajo porque al menos ya habré contado lo que me
pasa. Redondeando, creo que estamos viviendo en pie de guerra, estamos
acechados por millones de posibilidades por segundo, y el amor de verdad quedó
lejos, allá por la Segunda Guerra, cuando Marta se tuvo que rajar de España
porque moría de hambre y se vino para América del Sur (bien al sur) con una pequeña maleta repleta de sueños. Aquí conoció a un tal Jorge Luis que trabajaba en una panadería, porque
casualmente una mañana muerta de hambre y de frío, salió a buscarse la vida en
otro mundo, en otra vida. Pero eso ya no existe, hoy tenemos chat, watsap, 3g y
wifi en todos lados, pero no vemos al de al lado como solíamos hacerlo. En realidad
creo que nos estamos quedando ciegos de tanta guerra, tanta pelea y tantas
mentiras. Hay que salir, hay que desenroscarse de una buena vez para ver el
sol, y si el pronóstico me dice que va a llover, aún mejor, porque la lluvia es
la bendición más ignorada que existe, pero es una bendición al fin. Salgamos un
poco más, caminemos la ciudad, sentémonos un buen rato a leer a Cortázar en un banco
en una plaza cualquiera, dibujemos círculos con los pies, levantemos hojas
secas, y apaguemos todo de una puta vez. Amen.