lunes, 20 de septiembre de 2010

Final –Verborrágico-

El más santo de los pecados se hizo carne. Devorado por la emoción que le creaba saber que abandonaba el mundo. Aliviado. Suena injusto, y hasta malparido pensar en contar el final de una historia cuando hasta el mismo personaje pide a gritos que todo se termine. Me negué a matarlo hasta el día de hoy, quise que se diera cuenta de que la gente que lo rodea lo adora y lo acaricia tanto como él mismo está dispuesto a aceptarlo. Pero llegó el momento de aceptar que verborrágico ya no está.
En su último día no quiso hacer nada, no quiso fumar ni bien abrió los ojos, ni dialogar en la esquina de su casa con el diariero. Sólo esperó el momento del atardecer, enroscado entre las sábanas húmedas de su cama, sofocándose del calor que hacía en la ciudad. Dentro de su casa el aire ardía sobre su blanca piel.
Antes de salir de su casa rumbo al bar, a esperar que llegue el final tan ansiado, llamó a su amante.
Ella era de esas mujeres incondicionales del amor, que aman aún sin tener la seguridad de ser correspondidas, que soportan los golpes más duros de las relaciones. Ella daba todo por él, a cambio de nada. Nada le importaba, sólo su amor.
Jazmín pasó por la casa a buscarlo para acompañarlo al bar. Lo sacó de la cama y le quitó toda la ropa para llevarlo a darse una ducha. Lo sentó en la bañera, le dió un baño de agua fría y lo llenó de caricias.
Recostados sobre la cama, Jazmín comenzó a llorar. Sin necesidad de una sola palabra, y con una auténtica mirada que lo dice todo, le pidió que le quitara la vida. Ella no dijo nada, no podía parar de llorar.
Antes de salir, él puso un arma en su bolso. Luego sin decir ni una sola palabra por el camino, pasearon de la mano por La Boca, hasta llegar al bar de siempre.
En el bar de siempre hubo otro crimen, otro de los tantos que el amor suele llevarse. Quizás un tanto especial, se podría decir. No es fácil aceptar que la persona a la que tanto amas se quiera ir. Mucho menos fácil es poder dejarla ir. Pero se fue.
Pasional. Irracional. Impulsivo. Verborrágico. Cuando alguien se quiere ir, sea por la razón que sea, que se vaya.


Nota final
Verborrágico, está dedicado a todos los que fueron víctimas de un crimen alguna vez. Que sufrieron y salieron más iluminados y más felices de lo que creyeron ser jamás.
Verborrágico es confuso, y no tiene un final, porque no hay necesidad a veces de darle una final a las cosas, simplemente porque a veces uno no quiere que se termine.
Y por último, verborrágicos son los ojos, las miradas. Las más de las veces las palabras están de más.