sábado, 15 de mayo de 2010

Mentime que me gusta

La verdad es que verdaderamente todo se confunde cuando se la nombra. La verdad te deja mal parado cada vez que la escuchas pero a la vez te deja el alivio que te da un beso de mamá en la frente para luego poder dormir plácidamente en tu lecho. Lo que tiene un significado verdadero para mí, para vos no es tan así. De hecho alguien puede decirte que te ama, y al día siguiente decirte que no, pero quién puede discutir que realmente no lo sentía así. La realidad nos dice que la verdad está escondida en algún lugar gustosa por ser encontrada.
Convive de manera necesaria con la mentira al punto que son grandes amigas, casi inseparables. Todos buscan que sea así, nadie quiere que ellas se peleen. Esto es tan cierto que si lo pensamos profundamente encontraremos que detrás de una verdad habrá una mentira agazapada, como escondida detrás de sus largas piernas. Sus largas piernas, tan suaves y refinadas, se roban nuestra atención, que sólo vemos el camino que recorren sin mirar que hay detrás de ellas. Nos vemos fascinados por su majestuoso andar, pero olvidamos que la mentira está lista para atacar en el momento menos esperado. Y cuando menos lo esperamos, cuando más indefensos estamos, la mentira pega un zarpazo y nos voltea, dejándonos malheridos, casi moribundos ante el súbito ataque. Aquí comienza la batalla sangrienta entre la verdad y la mentira a la que somos insignificantes espectadores y en la cual no nos convendrá participar, de lo contraria de casi moribundos terminaremos en la morgue sin siquiera tener el derecho a un digno entierro. Ya no depende de nosotros la victoria de una sobre otra, sino que será una batalla entre la majestuosidad del bello andar de la verdad y la ferocidad de las garras de la mentira quienes decidan el pleito. Aunque no habrá jueces, lo cierto es que necesariamente habrá un vencedor y también habrá quienes se alíen a la mentira en caso de ser proclamada vencedora y no habrá nadie que acompañe a la verdad si resultara salir victoriosa de tan desigual combate. La verdad no podrá buscar entre nosotros un aliado, si logra vencer en la batalla, será un solitario vencedor y no encontrará en nosotros la mirada cómplice que ya estando moribundos no seremos capaces de entregar.
La mentira y la verdad reinan en nuestra conciencia, son una monarquía absolutista casi una dictadura a la cual estamos resignados a padecer la furia de un rey sin compasión alguna y la belleza de una reina que intenta disuadir con sus encantos tanta maldad. La pelea es constante, al punto que por momentos pareciera que reina la mentira y que la belleza de la verdad no podrá sobreponerse, y cuando pareciera no haber salida, resurge la bella reina para tomar el control de tanta fragilidad.
Frágil, es nuestra conciencia, frágil es la verdad y la mentira, frágil lo que se siente en el momento de la batalla. Y es frágil, porque al menos yo quiero y deseo con una lágrima austera que la belleza triunfe tanto en mi cabeza como en el mundo que vivimos.

viernes, 14 de mayo de 2010

¿Qué carajo es el amor?

Cuando ella fuma en el balcón de su departamento, pegada a la baranda y con la mirada fija en el piso que se ve tan lejano, y deja caer la ceniza encendida, algo sucede. Algo en ese descenso lento y casi maravilloso se va apagando con la mansedad que sólo ofrece la suave brisa de una noche a solas. Y sorprende de sobremanera verla mirar el piso, ahora con la mirada fija en esa chispa encendida que va perdiendo su color rojizo y ardiente a medida que va cayendo. Ella se asombra. Y luego más pronto su cara se vuelve triste y se pone a pensar. Y piensa que esa chispa que se va apagando poco a poco a medida que empieza a caer lentamente no es sólo eso. Es mucho más que una simple ceniza ardiente que se apaga. Es su amor viajando al piso, sin prisa pero sin pausa. Como envejeciendo sus ganas de poder pelear para que no caiga tan rápido y poder disfrutar de la maravillosa vista que ésta le ofrece. Una vez en el suelo, todo se desvanece y pierde su color.
Con la cara triste a cuestas, ella da media vuelta y se pone a pensar, recostada sobre la cama.
¿Qué carajo es el amor? ¿Cómo puede ser que desde una simple ceniza cayendo al vacío termine recordándote con tanta pasión? ¿Será que es sólo un invento de la sociedad para dejarnos con la sensación de que lo último que hay que perder es la esperanza? ¿O será que sólo endiosamos las palabras para sentirnos más a gusto dentro nuestro propio caos personal?
Demasiadas preguntas y ni una sola respuesta. Y ante semejante realidad, está ella. Tirada en su cama, dando vueltas sin poder darse cuenta que el maldito amor, al fin y al cabo es sólo un juego. Un juego personal, que hay que estar dispuesto a jugar. Y no debería importar demasiado si ganás o perdés.
Pero ella no logra entenderlo y sigue sofocándose en la cama. Abraza su almohada con fuerzas de otro planeta. Y así vuelve a creer que lo está abrazando a él.
Ya no le importa tanto la ceniza de aquel cigarrillo apagándose al caer. Le importa haber visto caer lentamente su amor por él. Y a mí, que soy quién la observa desde lo lejos, me gustaría preguntarle: ¿Si tanto lo amás, por qué lo dejaste ir? Seguro que ella no lo sabe, y lo peor es que yo creo yo tener la respuesta. No quiere jugar, y por lo tanto no es capaz de amar.
No sabría cómo responderte tantas preguntas, porque ahora hasta yo mismo me lo pregunto. Creía que lo tenía todo muy claro, pero al verla sufrir desolada sobre su almohada que ya no podía resistir el abrazo, tengo la seguridad de que no tengo la más mínima idea de nada. Soy un iluso que cree en sus propias convicciones y voy fluyendo con ellas río abajo.
Y por último vuelvo a insistir mientras veo mi propia ceniza caer al vacío con su majestuosa lentitud. El amor es lo que vos creas que es, es lo que vos sientas que puede ser. O quizás sea mucho más que eso. Tal vez sea una persona idealizada que buscamos desesperadamente hasta el final de nuestras vidas pero que muy pocos son los agraciados que la encuentran. O como mínimo, es una palabra tan fuerte que no podemos despreciar el momento que la escuchamos y nos hace poder empezar un camino lleno de estrellas. Y como nota al pie de página, le digo a ella que encienda otro cigarrillo y que cuando vea la ceniza caer, disfrute la caída.