viernes, 7 de abril de 2017

Sobre la hipocresía y otras yerbas


¡Qué calor hijo de puta que hace en esta ciudad! Abusivo. Me desperté todo pegoteado, entre gotas de sudor, y un rayo del sol que se estrellaba directamente en mi sien. Enceguecido, como si algo predijera lo que estaba por venir. La ceguera es difícil de comprender, es muy complicado ponerse en el lugar de una persona que no ve, que no encuentra más que un pequeño haz de luz entre la infinita gama de colores. Más difícil, imagino, creo que debe ser no conocer la cara de tus padres, hermano, amigos, novias y amantes. Pero lo cierto, lo que realmente me afecta, no es la borrachera que llevo encima, ni los cincuenta grados de calor agobiante que entran por la ventana, ni mucho menos el rayo de luz que me parte la cara y me obliga a maldecir esta hermosa ciudad cada mañana.
    Pasadas las horas, y una vez ha traspasado el absurdo rito de madrugar, comienzo a quererla un poco más. Ya no es odio lo que siento, ya la veo más cercana de lo que realmente es. Esas calles que serpentean por todos lados, donde no existen las esquinas ni las cuadras perfectamente diseñadas a modo de cuadrilátero. Mirar hacia arriba es un alivio, caminar de bar en bar, pasar de una conversa a otra. Mirar la gente pasar, las caras encendidas de felicidad, el gentío inagotable de las noches de verano. Gente que sale de la cueva cuando el calor deja de azotar, como si fuera en Ramadan. Pero nada, un poco así se vive por acá.
    Me alivia pensar lo que he soñado. Pero si, realmente es muy duro entender lo que me pasa cuando leo, veo y escucho todo lo que suelo leer, ver y escuchar. Pues, habrá que ponerse de una buena vez y para siempre en los zapatos del otro para opinar, criticar, afirmar con severidad y nada, así vamos de a poco todos los días. Opinológos, a opinar caiga quien caiga, cueste lo que cueste porque lo que importa es tener muchos likes, hashtags, y postear hasta el hartazgo. Después quizás reflexionemos, pero ya es tarde. Ya la hemos cagao.
    Soñé que era mi cumpleaños, que mi abuela me llevaba a tomar el chocolate caliente a un bar para darme muchos besos, y entregarme el regalito y hacerme reír con sus cuentos. Soñé que venía a verme ya cumplidos los quince con una bolsa llena de palmeritas, un lemon pie y una sonrisa enorme. Todos sus nietos sentados a su alrededor escuchándola contando historias y hacernos llorar de la risa, hasta el punto que ella lloraba y ya no podía seguir y teníamos que cambiar de tema. Soñé a mi viejo arrugando la frente para que yo le pudiera pasar mis dedos una y otra vez. Escuché a mi vieja entrando a la habitación, tarde por la noche a darme un beso y decirme buenas noches. Soñé, y sigo soñando.
    Creo que haber soñado, pero no estoy del todo seguro. Simplemente creo porque ya no estoy seguro de nada en esta vida. Dicen que dicen que dicen, pero dicen y afirman con rigurosidad científica que el Indio es un asesino. Que junto quinientas mil personas en un corral y las mando al matadero. Que es un tipo miserable, que alguien conoce a alguien que tiene un primo que tiene un amigo que es vecino de un tipo que vive a cinco quintas de la quinta del famoso músico popular. Y bueno dice eso, que le llegó el comentario que es un miserable, que es un millonario mezquino, que lo único que le importa es la guita, la puta guita. Revolcándome en los barros de mi propio sueño, me convierto en Diego Armando M y le pego un llamado telefónico al pobre tipo este.
-DA: - ¡Hola indio querido! ¡Que hacés papa!
-I: Hola Diegote, acá andamos. Desesperado, viste. Hoy me toca ponerme en tus zapatos, ver cómo te destrozan en dos minutos sin siquiera darte un minuto para entender que es lo que está pasando. Yo te digo, no entiendo como hacés para sobrevivir a todo esto, si lo venís padeciendo desde hace más de treinta años, y te siguen pegando igual. Que sos un gordo cagón, drogadicto, golpeador, que Messi es mejor que vos, que tu novia se coge a todo el plantel de Olimpo de Bahía Blanca y vos ni enterás.
-DA: si si ya lo sé que querés que haga, por eso cada vez que puedo me voy a Dubái, lejos, así nadie me juzga y si me quiero pegar tres líneas de un saque lo hago. Pero viste que los argentinos nos matamos entre nosotros. Yo salí campeón del mundo, subcampeón del mundo casi jugando solo, con otros diez burros pegando patadas para que no me toquen. Salí campeón con Boca, con Nápoles…
-I: si Diego ya lo sé… no me hace falta tu currículo. Yo te entiendo ahora. Ahora caigo en todo que estas padeciendo hace tantos años. Pero te voy a contar algo. La gente, la merca, los miserables nosotros somos eso. ¿O el tipo que nos critica tiene una vida tan pulcra y ordenada que no cagó nunca a su mujer, nunca se aspiró una línea ni se fumó un porrito, y mucho menos se puso en pedo? Estoy perdido. Hinchadas de fútbol a los tiros adentro de un estadio repleto de gente, en las puertas de ingreso, por las calles, por todos lados, dueños de todo, incluso de nuestra vida. ¿Y la prensa? Yo me pregunto si los jugadores de fútbol no saben de toda la mierda que corre al lado de ellos, de los negocios, las mafias, los dirigentes. Yo quiero saber porque la gente culpa al fútbol y no se culpa a sí mismo. ¿No seremos todos cómplices de toda esta mierda que va pasando domingo a domingo?
-DA: Mirá, acordate del Burrito Ortega, pobre tenía problemas con el alcohol y cada vez que pisaba una cancha lo puteábamos. Que borracho, que negro de mierda, que puto asqueroso, que come traba… Ahora el chabón, un crack, tremenda persona, amable, buena madera viste…
-I: Yo ahora se me vienen a la mente tantas cosas que hemos pasado en este país. Tragedia tras tragedia, pero no aprendemos nunca. Siempre la culpa es del otro. Va a tocar un dj a costa salguero y la culpa la tienen los pibes que se pasaron de falopa, y son unos faloperos de mierda, que se jodan. Tiramos bengalas encendidas a un techo, arde en un infierno terrible, cientos de pibes muertos, la culpa es de la banda. Pero Menem, De la Rúa, Ibarra, y la lista sigue, pero estos siguen libres. ¿Y la culpa de quién es? La Amia, la Embajada, Once, Malvinas, Keyvis.
-DA: vos fíjate, jugadores de fútbol manejando Ferraris, siendo ídolos indiscutidos de todo, intocables, llenos de guita y minas que se mueren por comerles la porra. Hasta ahí estamos de acuerdo. Pero a vos Indio, a vos te quieren en la hoguera. ¿Por qué? Yo entiendo y creo que moves masas, que no te han podido tapar con mierda jamás, pero en ésta sí que te estaban esperando. Ahí bien agazapados estaban todos.
-I: El fútbol y todos los que mueven este deporte, jugando a ser ignorantes del poder de las barras y todos sus miles de muertos. Y entonces, ¿y la iglesia? ¿No viola, mata, reprime y oprime a sus discípulos? ¿Y nadie dice que las apuestas arruinaron el fútbol, que ya nada se maneja como un factor único de victoria o derrota? ¿No te da bronca argentino moralista de las vidas ajenas, que te pegaste un viajecito a Roma, tiraste una de dos euros a la fontana di Trevi? Pero miraste con asco al que estaba de rodillas pidiéndote ayuda. ¿Hipocresía? Si somos la fiel expresión de la hipocresía, pero rápidamente el hipócrita se convierte en cínico. Y el cinismo en segundos se vuelve crueldad y eso es lo que buscan. Verte de rodillas.
-DA: Si y hay que tener huevos para aguantar tanta mierda.
    Creo que la conversación se cortó, no sé, algo debe haber pasado. Intento dar unos pasos, llegar a la frescura de una ducha que me espera. A las caricias de la persona que me espera todas las noches. A los mensajes de gente que te extraña, que te quiere. A las llamadas interminables para contar nimiedades, pero por el sólo hecho de reír y compartir. Pero entiendo que mucha gente está sola, que no tiene lo que yo tengo. Algunos tienen más, otros tienen menos. La gran mayoría no tiene nada, pero nada de nada. Y sobre todas las cosas, somos muy duros con esos que no tienen nada, y que no pueden esperar nada cuando no hay nada. Nada.
    Quiero llorar, porque siento que toda mi infancia, mi juventud, mi actualidad está siendo bastardeada por una enorme masa de opinológos, de críticos de vidas ajenas, de despreciables seres carentes de pasión. Y sí, era cierto Indio:
Nuestro amo juega al esclavo
de esta tierra que es una herida
que se abre todos los días
a pura muerte, a todo gramo.

Necesito que vuelva Marti, con sus palmeritas, su lemon pie y su risa tan humana, hermosa abuela, creo que la voy a llamar. Y si vuelve Dante, Apu, Lean, y todos los que se fueron, aun mejor. 

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